Categoría: Spinning

Video: FTF Open Street de Paris 2012

Desconocía totalmente este Open organizado por FTF (French Touch Fishing). Desde luego si que tiene pinta de ser el open de pesca urbana con mayor participación de toda Europa (más de 300 pescadores).

El ambiente parece estupendo, buen rollo, gente joven, fin de fiesta… ¿quien se apunta para el 2013?

Cuaderno de Pesca: río Eresma

Cuaderno de Pesca: Días #3 y #4

Fecha: Julio de 2012
Lugar: Río Eresma, Segovia (España)
Objetivo: Trucha autóctona – explorar nuevo entorno
Equipo: Spinning – Cucharilla de un solo arpón y sin muerte

Crónica

Forzado por las «restricciones» establecidas en los TLSM de la Comunidad de Madrid, donde la cucharilla no está permitida, ni siquiera cuando solo va provista de un arpón sin muerte, decidí ampliar el radio de acción a unos pocos kilómetros más, hacia la Comunidad de Castilla y León, pues ya disponía de licencia para la misma.

Investigando los tramos libres sin muerte y escenarios deportivos más próximos de las provincias limítrofes con Madrid, pude localizar en Segovia, en el río Eresma, un objetivo apropiado: el EDS Eresma. Su distancia desde el centro de la ciudad, pasado el puerto de Navacerrada, lo convierten en una localización muy asequible para realizar incluso alguna escapada por la tarde, aprovechando los largos días de verano. O al menos para los que estamos acostumbrados a los desplazamientos «asumibles» de la capital.

La primera jornada pintaba desde luego muy calurosa en pleno mes de Julio, lo cual al mismo tiempo es en sí era un aliciente para poder «vadear a pelo» y refrescarse. La realidad en cambio estableció sus propias condiciones:

– El clima en la sierra no tenía nada que ver con el de la ciudad. Totalmente cubierto y amenazando lluvia
– El cauce del río Eresma en este punto convierte el termino «vadear» en un concepto desproporcionado (había que esforzarse, y mucho, por conseguir un tramo en el que cubrir la rodilla)

El límite inferior del EDS Eresma se sitúa en el área recreativa de Los Asientos, buen lugar donde dejar el coche y recorrer pues el tramo río arriba. Primeras impresiones nada más llegar: área bien cuidada, y la normal presencia en esta época del año de personas disfrutando del entorno y el merendero. Un destino que apuntaría a la lista de lugares para disfrutar junto a la familia.

Del Eresma me sorprendió su contenido «tamaño», sobretodo por su calado. No por anormal, sino por ser la primera vez que iba a intentar pescar en un río de estas reducidas dimensiones. Alrededor de seis metros en sus tramos más anchos y de unos dos metros en los estrechos, con una profundidad media de «un palmo de agua». No habría creído posible pescar allí si no hubiera sido por los comentarios leídos en Internet, y por estar catalogado como espacio deportivo social (y tramo libre sin muerte por tanto fuera de competiciones planificadas).

El tramo es bien corto, de apenas 1Km de longitud, y se puede recorrer completamente disfrutando de un estupendo paseo por los senderos que lo bordean en ambas márgenes. Cómodo y sin ninguna dificultad física. El paisaje es estupendo, excepto tal vez en las zonas donde la proximidad de la carretera es evidente. El río tiene en este tramo rincones verdaderamente bonitos.

Decidido a ir contra los cánones, me voy directo hasta el tramo superior para pescar río abajo, con la intención de finalizar junto a la zona del parking, ya que el principal objetivo de estas jornadas eran las de explorar una nueva zona, descubrir todos los rincones posibles, sin detenerme demasiado en cada zona.

Llego al extremo superior, justo a la altura del puente de Navalacarreta, improviso – por primera vez – un aparejo de buldó con una una ninfa al final del bajo (¡gracias por las moscas, Jose!)… para ver de que va esto. Las sensaciones son extrañas, la novedad; echando en falta sentir la cucharilla trabajando al final del bajo. Sigo la deriva de la corriente, dejándome la vista para localizar la mosca. Un par de lances y compruebo como despierto la curiosidad de una pequeña (muy pequeña) pintona. Se queda en eso; el desinterés ha sido más que evidente tras el breve periodo de observación. Y no da tiempo para un lance más… las gotas de lluvia que habían aparecido tímidamente deciden acompañar en magnitud a los truenos y relámpagos que empiezan a resquebrajar el cielo.

Preocupado por el aparato eléctrico fundamentalmente, decido refugiarme bajo el puente de piedra (menos mal haber llegado aquí a tiempo). Cuarenta y cinco minutos de rayos y centellas.

Terminada la tormenta retomo la actividad. Para pasar el tiempo, entre otras cosas, me dediqué a preparar de nuevo el bajo para la cucharilla, guardando buldó y ninfa. Así que con la confianza retomada por el aparejo conocido, comienzo a probar río abajo, siempre desde orilla (el tiempo no acompaña mojarse los pies). ¡¡Y llegó la primera!! Cucharilla río abajo, recogiendo muy lentamente, para dejarla prácticamente suspendida en el pequeño torrente donde estoy probando suerte. La pequeña trucha demuestra su coraje saltando por los aires, rozando entre brinco y brinco la superficie del agua. A tres metros se suelta del único anzuelo sin muerte de la cucharilla. Queda la maravillosa sensación de haberlo conseguido, cuando uno empieza a dudar de poder enganchar un pequeña trucha en aguas de apenas un palmo de profundidad, con una cucharilla del número dos (¡enormes para estas lugareñas!) y un bajo del 0.20… Suerte, pues tal vez, pero la satisfacción no es menor.

Emocionado como estoy por la captura, me vengo arriba justo para darme cuenta que estoy rodeado por ganado bravo… No son Miuras desde luego, pero las miradas fijas y penetrantes de algunas vacas no las interpreto como amistosas… prefiero recoger, dar un rodeo y continuar río abajo… La luz va mermando algo más rápido de lo calculado, lo cual es lógico encontrándonos en la cara norte de la sierra y en pleno bosque. Será en las pequeñas pero hermosas gradas del Eresma, próximas al parking, donde consiga capturar la segunda trucha (esta vez si llega a mis manos). No pudo resistirse a una cucharilla de colores amarillo y naranja fluorescentes. Hora de volver a casa con la sensación de haber enderezado una tarde que prometía decepción por culpa de la tormenta eléctrica.

Animado por la experiencia, y tras comprobar el pronóstico del tiempo, me animo a repetir apenas unos días después. Durante el viaje de ida en coche hago un repaso de la estrategia a plantear, localizando en el mapa mental aquellos lugares que me ofrecieron mejores resultados, querenciosos para la imaginación en el fondo… pues no es garantía de nada probar la misma técnica en los mismos lugares. Voy recorriendo la lista en mi cabeza cuando me doy cuenta de haberme olvidado de un par de importantes puntos pendientes: la cucharilla más pequeña, obviamente, sigue siendo del número dos, si no he tenido a bien de proveerme de nuevas… e igualmente el bajo de línea es del 0.20… Vaya cagada, con perdón. El ansia a veces nos ciega… y también la falta de tiempo y precipitación por aprovechar las pocas oportunidades que ofrece los quehaceres cotidianos. Lo positivo: ya tengo una buena motivación para la próxima temporada :)

La segunda visita a este escenario deportivo tiene como resultado el mismo balance positivo, con un par de capturas. Una de ellas ha entrado directamente en el libro personal de récords, ocupando el puesto de «la trucha más pequeña jamás pescada». Es realmente sorprendente como un espécimen de tan reducido tamaño pueda siquiera haber intentado lanzarse sobre una cucharilla de casi la mitad de grande que ella misma, y de peso también superior. No hubo picada. Sencillamente inexistente. Por suerte me di cuenta de que estaba enganchada al anzuelo al recoger, justo antes de proceder al siguiente lance. La situé sobre la palma de la mano, sumergiéndola en una zona de poca corriente y retirar el anzuelo muy suavemente (¡¡qué importante usar anzuelos sin muerte!! En este tramo es obligatorio, pero en uno «con muerte», de haber empleado anzuelos con arponcillo, habría supuesto un daño irreparable en un animal que en cualquier caso tendría que ser devuelto al agua).

En definitiva, la segunda visita, aunque igual en «resultados», me aportó dos importantes puntos adicionales a la experiencia anterior: el primero de ellos, una mayor capacidad de localización visual de las truchas, disfrutando además al ver como perseguían como locas las cucharillas – aunque para perder inmediatamente el interés en las mismas. Y el segundo, el placer de refrescarme en pleno mes de Julio con unas aguas de temperatura exquisita a la altura de los tobillos en un entorno extraordinario…

Resultado

De nuestro lado: 3 truchitas peleonas y 1 alevín intrépido

Por parte del río Eresma: Chaparrón y tormenta eléctrica

Conclusiones

Lo bueno: Un gran paisaje en el que poder practicar la pesca, y también acudir otras ocasiones con la familia bajo el rol de dominguero :)

Lo malo: Con buen tiempo y en fin de semana la afluencia de gente es elevada (y comprensible). Resta el sosiego que muchas veces buscamos… y acojonan a las pintonas :)

Video: Father and son…

No, no me he vuelto corto de memoria y estoy publicando otra vez este video. Es que, aunque entrañable, el título no es muy original.

En esta ocasión vemos las experiencias compartidas de un padre y su hijo en la pesca desde kayak. Complicidad en la afición. Algo largo, pero bonito de ver si no hay prisas.

Father and son… from arnocomment on Vimeo.

Cuaderno de Pesca: Bolo en San Juan

Embalse de San Juan (Madrid)

Cuaderno de Pesca: Día #2

Fecha: Sábado 16 de Junio de 2012
Lugar: Embalse de San Juan, Madrid (España)
Objetivo: Black-bass de tamaño medio (1 a 2 Kg)
Equipo: Spinning – Vinilos y Artificiales duros (jerkbaits)

Crónica

Me gusta ser honesto, así que vaya por adelantado que esta es la crónica de un señor bolo. No seré yo quien haga perder el tiempo a los ávidos devoradores de vídeos e relatos cargados de capturas. ¡Que más quisiera yo que complacer en eso! Pero no, este no es el caso.

Muy tentado estuve de no mostrar mis vergüenzas en público, pero a raíz de ese «orgullo bolo» que me ha dado por reivindicar (ver artículo) finalmente me he animado a escribir crónica del mismo. Haced con ella lo que prefiráis; os podéis partir la caja de risa, sentiros identificados, sentiros mejores como pescadores… ¡Se admiten críticas, sugerencias y comentarios de todo tipo!

Antecedentes:

Esta ha sido mi segunda visita al pantano madrileño. Mi primera vez en el embalse de San Juan, apenas un mes y pico antes, había resultado un éxito rotundo, sobretodo comparándolo con esta última: ¡me estrenaba con el black-bass! Primero con tres «raspillas», de la mano del popular Countdown de Rapala, para dar la campanada con un buen ejemplar que rondaría entre 1.5 o 2 Kg, que capturaba con el que hasta ahora es mi señuelo artificial favorito: Bill Lewis High Def Bluegill.

La jornada:

Con estos antecedentes mis expectativas eran altas. Recordaba perfectamente los lugares donde había tenido las picadas o avistado a los basses, con la «ventaja» de saber que señuelos me habían dado mejores resultados. Ya sabéis, la ilusión que alimenta esta afición y que hace que un «madrugón» en pleno fin de semana siente tan bien, independientemente de la cantidad de kilómetros por recorrer.

A mi llegada al embalse ya había un pequeño grupo de pescadores preparando sus patos junto al coche; buen rollo y camaradería. Muchas ganas en el ambiente de pasar una agradable jornada de pesca; contagio de ilusiones y expectativas.

Los primeros lances los realizaría en el zona del «embarcadero» (donde los patos hacen su entrada al agua). Allí donde saltaba un pez (muchos, a estas horas) dirigía mi Norman Suspend DD22 de color «tomates verdes fritos»… con la esperanza de que esos barbos estuvieran surcando los cielos a modo de evasión de algún depredador. Tal vez así conseguiría atraer su atención con mi señuelo «facilón». Tras cuatro o cinco intentos, cuando menos lo espero, el DD22 se detiene bruscamente durante la recogida. Doy un cachete instintivo y ¡ZAS!: la caña pierde tensión y recojo un trenzado. Sin comentarios. No se a vosotros si os ha ocurrido, pero a mi se me quedó cara de tonto. ¿Anudé mal el trenzado al grillete? ¿Un lucio acaba de darle un tajo a mi trenzado del 0.20 de 13Kg de resistencia? Permitidme que me quede con lo segundo para añadirle algo de mística al relato, aunque desde luego ahora me tomo muchas más molestias con los nudos que realizo, tal vez porque finalmente no hubo más rastro de Eduardo Manostijeras en aquella zona.

Tras perder el señuelo decido redirigir mis pasos hacia las posturas que me dieron éxito en la última visita al embalse. La primera sorpresa fue ver como en apenas unas semanas el nivel del agua había bajado casi dos metros, pudiendo literalmente caminar sobre algunas de las rocas donde había localizado basses.

Las reglas del juego habían cambiado, pero aún así sería en esos puntos de la orilla donde probaría con todos los señuelos que dieron buenos resultados: los ya comentados Countdown de Rapala y la estrella de mi mochila, el Bill Lewis High Def Bluegill, concentrándome más en el mismo lugar donde éste último cosechara la victoria en forma de 2Kg aproximados de Black-Bass.

Nada, cero, vacío, void, null, nil… ¡¿nada de nada!? ¡¡Peor aún!! Mi Bill Lewis se engancha en el fondo… 10 minutos inútiles dedicados a intentar rescatar al héroe, seguidos de otros tantos de blasfemias e improperios. Repose en Paz.

Continuaría pues mi recorrido a lo largo de la orilla, buscando ahora esas buenas respuestas de los basses pequeños al Countdown, reproduciendo exactamente los mismos resultados: NADA.

Ni la más triste picada. Acompañado por una tortuga, que parecía contemplar con curiosidad – o más bien incredulidad – mis lances, así como algún baby-bass aprendiendo a distinguir entre comida y vinilo. Tiempo de volver a casa justo cuando el calor empieza a apretar. Sería en el camino de vuelta cuando se produce el hallazgo que equilibraría mínimamente la balanza un poquito a mi favor: encuentro en la orilla una spinnerbait enganchada a una roca, otrora sumergida por las aguas. Una Stanley Wedge que, a modo de amuleto, seguro que dará sus frutos…

Mientras, el embalse, se convierte en escenario de todo tipo de actividades actuático-deportivas.

Resultado

De nuestro lado: 1 Stanley Wedge Spinnerbait

Por parte de San Juan: 1 Norman Suspend DD22 y 1 Bill Lewis High Def Bluegill

Conclusiones

Lo bueno: Todo lo que un bolo puede ofrecer: disfrutar del paisaje y el paseo al aire libre. ¡¡Y una spinnerbait!!

Lo malo: Perder mi señuelo estrella, junto con la sensación de estar en el lado equivocado del embalse – ¿dónde estaban los basses? – y de estar haciéndolo mal.

Cartografía de Cotos de Pesca

Cartografía de Cotos de Pesca

Está claro que leyendo las descripciones que aparecen en las normativas de pesca, sobre los límites inferior y superior de los tramos acotados o libres de pesca, uno se queda con cara de póquer la mayoría de las veces. De ahí que iniciativas como las de la junta de Castilla y León, añadiendo mapas cartográficos descargables (en formato pdf) sobre los distintos tramos, sea el tipo de cosas que se agradecen, y mucho, a la hora de «explorar» nuevos territorios.

Aquí dejo el enlace, para los que no lo tuvierais localizado: Cartografía de cotos de pesca, tramos libres sin muerte y Escenarios Deportivos Sociales

Mientras no cunda el ejemplo, confieso que para estos temas me reconozco un gran seguidor del extraordinario trabajo que desempeña elveril.com, no solo por proporcionar esta información, sino por hacerlo de una manera accesible, sencilla y con información adicional complementaria.

Señuelos de Supervivencia (usando un teléfono roto)

No hay duda de que los Reality Shows de supervivencia están de moda pero, además de la televisión, Internet también nos ofrece un cantidad ingente de «frikadas» de este tipo.

Lo último que he encontrado es un artículo donde el autor explica cómo a partir de un teléfono móvil roto podemos cubrir cinco necesidades básicas para nuestra supervivencia. Y una de ellas es la fabricación casera de señuelos de pesca haciendo uso de algunas de sus piezas.

Señuelos de Supervivencia

No veremos ningún componente lo suficientemente afilado como para clavarse en la boca del pez, así que la técnica empleada es la de ahogar al animal consiguiendo que la pieza quede atravesada en su garganta. Luego, evidentemente, salvo que – Dios no lo quiera – nos veamos en la necesidad de pescar para sobrevivir, y disponer de un teléfono móvil roto – ojo, es más recomendable llamar a los servicios de emergencia que romperlo para fabricarse un «Rapala McGyver» -, esto no se queda más que en una chorrada curiosa y que no debe ponerse en práctica, por favor.

Si queréis saber que otras cuatro necesidades básicas de supervivencia nos resuelve un móvil roto, aquí tenéis el enlace al artículo (en inglés).

Mi mejor Bolo

De entre las múltiples acepciones y usos recogidos por la RAE para la palabra «bolo», nos atañen las siguientes:

bolo1, la.
quedarse bolo.

1. loc. verb. U. para referirse al cazador que no cobra pieza ninguna.

volver bolo.

1. loc. verb. quedarse bolo.

Una expresión tan común y coloquial que queda efectivamente recogida y reconocida por la Real Academia Española. Se habla pues con propiedad cuando utilizamos el término tras una jornada en la que, a lo sumo, habremos tenido alguna picada, no más. La definición de la RAE es concisa, como debe ser. Sin embargo hay bolos y bolos… no todos son iguales, ni nos dejan con la misma sensación.

Hace unos meses leía una viñeta en la que dos pescadores veían a un tercero como iba de regreso a casa comentando las alegrías que la naturaleza le otorgaba; el canto de los pájaros, el olor de la hierba fresca, el maravilloso paisaje… «Otro que vuelve bolo«, le decía uno de los primeros a su compañero. Como la vida misma, quién no se consuela es porque no quiere. Aunque sin duda el autor de la viñeta pone el dedo en la yaga, no es menos cierto que el componente «naturaleza», el entorno, es un factor que contribuye de forma vital a las sensaciones vividas durante la jornada de pesca. Y lo hace siempre para bien: si tenemos éxito, refuerza y potencia la experiencia, la hace redonda. Si volvemos bolo nos hace la derrota más llevadera. No en vano, a los que nos gusta la naturaleza y somos aficionados a explorar rutas, o al senderismo, «perdernos» en la tranquilidad y belleza del entorno es de por sí un bálsamo necesario, sobretodo para los que la mayor parte del año estamos anclados al asfalto.

Laguna de las Madres (Arganda del Rey, Madrid)

Paz y tranquilidad en la Laguna de las Madres

Que sí, que un bolo es un bolo. Pero esta afición en general, y en concreto las posibilidades de travesía que nos ofrece el spinning continental, nos aporta una doble ración de satisfacciones. Personalmente creo que la clave para disfrutar, y minimizar también el poso amargo que deja la «derrota», será saber elegir destinos que independientemente de la pesca nos ofrezcan a los sentidos y al corazón aquello que buscamos de la naturaleza.

Salir de pesca es también una gran oportunidad si te apasiona la fotografía. Dividir el tiempo entre lances e instantáneas es otra manera de diversificar los «riesgos anímicos» de un bolo. ¡Esto al menos nos ayudará a realizar alguna captura – fotográfica – interesante! El paisaje, la flora o la pequeña fauna pueden convertirse en un objetivo secundario que nos proporcione mayor entendimiento y visión del entorno que hemos elegido.

Tal vez debamos aplicar el mismo principio expuesto por John GierachHow small a trout«) para el tamaño de la captura cuando de bolos hablamos. Puede ser interesante un cambio de enfoque, y tratar de medir los bolos en una escala inversa, ver la botella medio llena, intentando establecer una categoría personal encabezada por el mejor bolo que hayamos vivido.

Personalmente recuerdo una mañana en las Lagunas de las Madres, en Arganda del Rey (Madrid). Los elementos estaban en contra a priori: pescar basses por primera vez, en un espacio muy presionado y en pleno invierno. El bolo estaba casi garantizado. Sin embargo estar completamente solo en mitad de la laguna, bajo un sol regalado y en un magnifico silencio todavía hoy me transmite una extraordinaria sensación de paz. Fue una cura milagrosa para el estrés acumulado durante toda la semana de trabajo. No hubo ni una sola picada. A día de hoy, mi mejor bolo.

FlyFishing Switchers (del spinning a la pesca a mosca)

Conversos de la pesca a mosca
No puedo evitar sentirme terriblemente tentado por la pesca a mosca, aún cuando en el terreno del spinning sea lego. Y no es que quiera «saltar» de una modalidad a otra; no esta vez. Es más la sensación de completar o disfrutar de forma plena la pesca. De ser consciente de no estar viviendo extraordinarias sensaciones.

Tal vez sea debido a la estupenda verborrea de los mosqueros, grandes predicadores de todo un movimiento o estilo de vida, casi religión en ocasiones. Pero indudablemente es la plasticidad de este arte el gran culpable de estas emociones. Lo tenemos interiorizado. Un rápido ejercicio nos revela este condicionamiento (¿auto?) inducido: dibujemos una imagen mental de estas tres escenas con tres tipos de pescadores:

1) Un pescador a fondo o corchuela, sentado en un muelle, espigón, en la orilla de un embalse…
2) Un pescador a spinning, siempre de pié en la orilla o bien en barca, con el aire «deportivo» de las revistas, en el sentido más purista de la competición
3) y un pescador a mosca… ¡hasta el paisaje de fondo nos acaba de cambiar!¡Parece otro río!

¡Si, la pesca a mosca mola! Y mucho. O mejor aún el «Flyfishing», porque el anglicismo potencia aún más esta percepción, ojo, no exento también el lance ligero con su respectivo «spinning».

A mi mente viene una analogía similar a nivel tecnológico. Hablo de la informática de consumo, una situación parecida (y ya vivida) que me lleva a realizar la comparación con la gente que pasa del universo Windows, de Microsoft, al universo Mac, de Apple. De hecho, salvando las distancias, observo parecidos razonables entre ambos mundos. Así es como se podría resumir la confrontación entre universos Windows y Mac:

Universo PC: lo de toda la vida, mil y un colores y sabores, marcas, clónicos, unos más bonitos, otros más feos, unos más baratos, otros más caros, problemas de rendimiento y cuelgues… Asociado por los «maqueros» a la rutina y el tedio de las oficinas… ¡los hombres de traje! (aunque los tiempos han cambiado y ahora todos los trajeados tengan un iPhone). La oferta del mercado es totalmente heterogénea.

Universo Mac: estilo y diseño, siempre de gran plasticidad y, ante todo, uniformidad en lo estético. Un estilo de vida, una forma alternativa de «vivir» la informática personal en sintonía con la máquina, y no en lucha con ella. Un icono para representarlo todo.

Recuerdo la serie de spots publicitarios de Apple haciendo hincapié en estos conceptos. Aquí tenéis un recopilatorio de los mismos.

Fue ya haces años que me convertí en un «mac switcher», es decir, un usuario converso que pasa de Windows a Mac. Y es aquí donde reside la principal analogía con el flyfishing. Siempre se habla de «conversión», de llegar a la pesca a mosca para no dejarla nunca más. Abandonando práctica o totalmente otras artes de pesca empleadas anteriormente. Mi experiencia como «maquero» se resume en estas tres partes:

Primero, miedo a dejar el mundo conocido… «¿Tendré la compatibilidad que necesito? ¿Que pasa con mis documentos «Office»? ¿Voy a encontrar programas para todo lo que necesito/hago? ¿Sabré sacarle partido?»

Segundo, el movimiento se demuestra andando, y más aún cuando Apple hizo la gran jugada de instalar CPUs de Intel en sus plataformas, garantizando a los miedicas como yo que podrían ejecutar Windows sobre dicha máquina, de forma nativa, además de virtualmente. Gran parte del miedo al cambio dejaba de estar justificado, así que fui a por todas. Ese era el momento, tenía el presupuesto y las ganas.

Tercero. Una vez «convertido» fluyen pensamientos de tipo: «¿Por qué no lo habría hecho antes? ¡A estas alturas de mi vida y todos los años que he perdido!» Salvo fuerza mayor, no volveré al PC. Y he de decir que jamás instalé Windows de forma nativa… durante los primeros meses usé una máquina virtual, más como flotador psicológico que por necesidad real… A día de hoy, no necesito Windows en casa.

La pesca a mosca me plantea una situación parecida:

Miedo: si, realizar esos maravillosos lances no parece fácil, y nadie dice que lo sea… hace falta mucha práctica, traducido en tiempo, y en posibles frustraciones. Y cuando hay poco tiempo, esto supone un hándicap importante.

Presupuesto: ¡vaya por Dios! Empiezo a mirar material y ya veo que los precios se disparan respecto a otras modalidades (¡como en el universo Mac!!) Es obvio que los pescadores a mosca están dispuestos a gastar mucho más dinero que los pescadores de spinning. Y ya sabemos que el precio de un producto no se establece por lo que cuesta fabricarlo, sino por lo que nosotros los consumidores estamos dispuestos a pagar… marketing, marketing…

Y la cuestión es: ¿Cuando llegará el movimiento? Pues en esto el presupuesto, aunque no es lo que más me preocupa, ya es un freno. Digo que no me preocupa porque tengo asumido el «techo de gasto presupuestario». En cambio, lo que más me asusta es la técnica necesaria, un nuevo aprendizaje, empezar de cero… necesitaré ayuda con esos lances, seguro, asistir a cursos. Necesitaré valentía y un sitio despejado donde practicar. Y tiempo.

Todo esto me sitúa ahora mismo como un potencial «Flyfishing Switcher», pero con un matiz diferenciador importante: no quiero dejar el spinning, me gusta, y desde luego no tengo una visión «Windows» del mismo, aunque sí una percepción «Maquera» de la pesca a mosca. Así pues, llegado el momento, ¿sentiré como me han comentado otros pescadores un camino sin retorno?¿Abandonaré mi equipo de lance ligero?

En honor al «flyfishing» debo decir que su mística no se construye sobre los defectos que pudieran tener otras técnicas como el spinning, el carpfishing, etc. Al contrario que el mundo Mac respecto al Windows, su magia se debe 100% a méritos propios. Y esto también es un buen argumento, muy bueno, para saber que el spinning siempre tendrá su hueco… por muy mosquero que pueda llegar a ser.

Elegir caña de pesca a Spinning (II)

Cañas de Spinning St. CroixLongitud, potencia y acción son los factores a considerar si queremos tener éxito en la elección de nuestra caña de pescar. En la descripción de estas tres características lo habíamos dejado en el artículo anterior, así que entremos directamente en materia.

Longitud

Longitud de la caña de pescar

La longitud de la caña afectará en primer lugar a la maniobrabilidad de la misma y a la comodidad de uso. Es evidente que en zonas con mucha cobertura vegetal será difícil realizar lances con una caña excesivamente larga, ya que estaremos limitados en movimiento. No será igual de cómodo pescar en lagunas o pantanos de orillas despejadas que en ríos con difícil acceso a la orilla y pocas zonas descubiertas.

Teniendo presente lo comentado respecto a comodidad-maniobrabilidad, entraremos a valorar el eje técnico de la longitud de la caña: la distancia de lanzado. A mayor longitud de la caña, mayor será la distancia que alcance nuestro señuelo. Por el contrario, una longitud menor nos proporcionará mayor precisión en lances de corta distancia (de apenas unos metros).

En el mercado encontraremos que la longitud también viene expresada habitualmente en pies y pulgadas, luego será útil disponer de una tabla de conversión a mano – al menos al principio – para hacernos una idea de los tamaños indicados, siendo 1 pie equivalente 0,3048 metros. Una caña de 7′ tendrá una longitud de 2,13 m.

Antes de que nos decidamos sobre una longitud concreta en función de la distancia de lanzado, es importante decir que ésta no es el único factor que condiciona la distancia del lance. La potencia tendrá mucho que decir también al respecto.

Potencia

La potencia es un factor que encontraremos indicado mediante dos valores expresados en gramos u onzas, siendo de nuevo el sistema anglosajón el más encontrado en las marcas y modelos del mercado. Estos dos valores expresan dos límites, un valor mínimo y un valor máximo del peso total que una caña puede manejar con soltura durante el lanzado y sin riesgo de dañar la caña durante la acción del mismo.

Hay que tener en cuenta que este peso será el total de aquello que tengamos fijado al bajo de línea, es decir, del señuelo empleado. En el caso de técnicas como el montaje Texas o Carolina habrá que sumar el peso del señuelo (normalmente de vinilo) más el peso del plomo o jig (cabeza plomada) empleado. En cualquier caso el peso de anzuelos y grilletes queda totalmente descartado de dicho calculo (al igual que la propia línea).

Especificaciones tecnicas de una caña de pesca

Pese a que son varios los fabricantes de cañas que hoy en día ofrecen buenas garantías sobre sus productos, llegando en algunos casos a ser incluso de por vida, no es recomendable llevar al límite las capacidades de la caña. Aunque el fabricante habrá dado buena cuenta en las especificaciones para indicar límites inferiores a los realmente posibles – y evitar así el malestar de un cliente que juegue al límite de los mismos -, lo recomendable es movernos en valores algo inferiores al límite superior si queremos disfrutar durante largo tiempo de una caña en buenas condiciones. Superar el rango nos puede llevar, en el mejor de los casos, a producir roturas en las fibras que no son perceptibles a simple vista y que impactarán en su comportamiento.

¿Y que diferencia hay entre usar señuelos con pesos situados sobre el límite inferior respecto al límite superior? Pues desde el punto de vista técnico la diferencia estará únicamente en la distancia de lanzado. A mayor peso del señuelo (límite superior) mayor distancia alcanzaremos. Esto, junto con la longitud de la caña -como hemos visto anteriormente-, conforman los componentes clave para conseguir esos metros de lanzado deseados.

Para la pesca a spinning continental de especies como la trucha, el black-bass o el lucio, encontraremos como valores típicos los siguientes:

  • Límite inferior: entre 3 y 10 gramos
  • Límite superior: entre 12 y 40 gramos

También es habitual que, junto con las especificaciones en gramos u onzas de los límites inferior y superior, nos encontremos otro tipo de clasificación cuando se hace referencia a la acción de una caña, y que suele consistir en una traducción de dichos rangos de «potencia» en terminos de «dureza» o «sensibilidad» de la caña, ya que los mismos van a influir directamente en la fuerza (peso) necesaria para doblar o vencer la caña. Por norma general se establece la siguiente clasificación:

  • Ultra-Light (ultra-ligera, rango de potencia en valores muy bajos de peso, por ejemplo: 3-10gr)
  • Light
  • Medium-Light
  • Medium
  • Medium-Heavy
  • Ultra-Heavy (ultra-dura, rango de potencia en valores muy altos de peso, por ejemplo: 40-120gr)

Hay que advertir que no existe ninguna estandarización de esta clasificación, de forma que cada fabricante puede aplicar distintos criterios a la hora de etiquetar una caña como «light» o «medium». De ahí la importancia de fijarnos en el rango de peso.

Es obvio por tanto que la potencia es un indicador del tipo de pesca, especies o tamaño de capturas con las que una caña en particular va a trabajar correctamente.

Acción

Por acción de una caña se entiende a la capacidad de respuesta de la misma ante una acción de fuerza – vencimiento – ejercida sobre ella. Es decir, la flexibilidad o capacidad de doblarse que presenta una caña ante una fuerza ejercida sobre la punta y el tiempo de respuesta – velocidad – necesario para retornar a la posición neutral.

Pese a que es un factor que mide tanto la capacidad de curvatura de la caña como el tiempo de respuesta necesario para volver al estado de reposo, habitualmente veremos que la unidad de medida empleada se expresa generalmente términos de velocidad. Así pues, una acción «Slow» significará una velocidad de recuperación hasta el punto de reposo lenta, y la caña se doblará desde el tercio inferior, describiendo un arco casi en la totalidad de la misma. Por el contrario, una acción «Fast» supone una velocidad de recuperación rápida, doblándose la caña en su tramo superior (puntera).

Tipos de acción de una caña de pescar

De nuevo hay que tener en cuenta que cada fabricante establece sus propias clasificaciones, existiendo también combinaciones de tipo «medium-fast», «extra-fast», etc… Llegando incluso a veces a «mezclar» conceptos, indicando en las especificaciones de algunas cañas la «potencia» de la misma como si de la acción se tratara.

La acción va a venir determinada por los materiales y procesos de fabricación (fibra de vidrio, carbono…) y en ella también influirán aspectos como la línea utilizada si ésta se mayor o menor a los rangos definidos por el fabricante. Es importante recordar que muchos fabricantes también indican los tipos de línea admitidos – respecto al peso de la misma -, algo que por ejemplo en el caso de las cañas de pesca a mosca es fundamental.

En resumen, la acción hace referencia a cuánto (y cómo) se doblará una caña cuando el pescador realice un lance o cuando haya un pez enganchado al otro extremo de nuestra línea. Una caña de acción «extra-fast» se doblará únicamente por la punta. Una caña «fast» lo hará en el cuarto superior de la misma. Una de acción «modarate-fast» doblará por el tercio superior. Una «moderate» lo hará por la mitad inferior de la caña. Y por último una caña de acción «slow» se doblará casi completamente, desde la empuñadura.

Por cierto, las cañas de acción «fast» permiten realizar lances más largos, y realizar clavadas más agresivas. Por el contrario, una caña de acción «slow» será más capaz de absorber la fuerza que realice un pez enganchado al final de la línea, reduciendo por ejemplo el riesgo de rotura.

Longitud, potencia y acción… esa es la clave para elegir correctamente la caña que buscamos. Y para ello, debemos conocer nuestros objetivos y forma de pescar deseadas.

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