El Rey Pescador

[…] De niño, ya soñador, aprendió en las tierras del Sur, bajo el viento de Poniente y el viento de Levante. Fue a orillas de la Bahía y de sus caños donde los aparejos conoció. Sobre Carranza y Zuazo los lances a fondo, y en Sancti Petri y San Pedro la corchuela estudió. Como cebo, siempre el camarón: – “dame cuarenta duros, ¡bien despachaos!” -, de La Isla, como no… o la  “viñoca” que decimos aquí, bien gordita en su serrín; “miñoca” en Galicia es (¿por el Miño tal vez?), y en el fango de las rías las verás también. A Don Sargo y Doña Herrera encontró, vecinas siempre de Dorada y Mojarra. Lubinas alguna vio, aunque a la señora Corvina quiso tentar, leyenda viva de aquel pilar, que siempre en sombra está. Y así, junto a su muy buen amigo Don Sapo, primo de Rascacio, e inseparable pareja en todas las jornadas, el niño se hizo pescador.

Padre, abuelo, tíos… de todos ellos el niño aprendió.

Pero el exilio llegó. A donde no había mar, ni bahía, ni caños donde pescar… el niño olvidó, el niño creció. Durante muchos años.- “Yo solía pescar” -, siempre en pasado, ¡una incompatible actividad! – “Y un embalse y un río… ¡eso no es igual!” Como iba a pescar en esas aguas empantanadas, en pobres ríos contaminados… – “¿Pero alguien se comía ese pescado?” No él, conociendo la mar y sus frutos… No, aquí no se puede pescar.

Enterrando su pasado, buscó otros caminos… entre máquinas trabajó, grandes aficiones descubrió: hermosa la fotografía y bella musa fue la música. ¡Y hasta el amor encontró! de quien sería su mujer… y de su hijo después. Fueron en sus ojos dónde recordó otra vez, que un niño pescador fue, – “Gracias papá” -. “Algo podremos hacer, para que este pequeño pueda conocer”. Y retomando la ilusión fue cuando descubrió, que la pasión no estaba en matar, ¡sino en cómo capturar! Que daba igual embalse que bahía, nunca más mataría, pues ninguna necesidad había, – “para eso estaba la pescadería”-. Ni la más sabrosa de las truchas, ni campano ni salmón, aún de aguas cristalinas, jamás comió.

Así volvió el niño pescador, ansioso por conocer las aguas de interior. Sobre ríos y pantanos estudió, y de la pesca continental se enamoró. A los ríos juró proteger, y a todos los peces devolver.

El Rey Pescador – Leyendas de un mundo aparte. Vol. IV
(Cádiz, 1977 – Madrid, 2012)