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Cuaderno de Pesca: Tarifa 2014

Estrecho de Gibraltar, Tarifa

Cuaderno de Pesca: Tarifa y el Estrecho de Gibraltar

Fecha: Julio de 2014
Lugar: Tarifa, Cádiz (España)
Objetivo: Criaturas pisciformes de los roquedos gaditanos :)
Equipo: Spinning

Crónica

Llegaron las vacaciones de verano, y con ello:

  1. Dejar atrás el estrés del trabajo.
  2. Abandonar la ciudad durante un par de semanas
  3. Volver a la tierra natal
  4. Alojarse en una magnífica casa, ubicada en plena costa del Estrecho de Gibraltar.
  5. África a la vista, café y tostada untada en brisa marina.
  6. Playa, océano…
  7. … ergo “Pesca”

Debo confesar que con este plan por delante, pescar es la guinda del pastel, y como tal suelo plantear las salidas durante las vacaciones estivales en familia; pequeñas escapadas, a primera hora de la mañana, de vuelta para el desayuno. Dos o tres horas para disfrutar al amanecer, si la marea lo permite. En este caso el escenario era inmejorable para maximizar las “jornadas”, pues la casa estaba emplazada en plena costa, en una finca rural a 150 metros de la orilla. Un paseo equipo en mano, con “lo puesto”, y en 5 minutos el anzuelo en el agua.

Zona de ReservaUn día antes había llevado a cabo el estudio del terreno, localizando el mejor apostadero. Las consideraciones a tener en cuenta en la elección estaban básicamente condicionadas por:

  • Las inmediaciones del terreno, parte del Parque Natural del Estrecho: prohibición de la pesca y el marisqueo
  • Geografía del terreno: fondo rocoso, formando un doble arrecife longitudinal a toda la costa.

Lo primero fue identificar las zonas hábiles donde la pesca estuviera permitida. De nada vale una licencia y luego incumplir la normativa de las zonas reservadas. En este caso la señalización “in situ” pudo sacarme de dudas mejor cualquiera de los mapas y normativas disponibles. Un indispensable “Ud. está aquí”, una flecha marcando la dirección, y los metros de distancia… Ya queda clara la zona vedada. Un paseo a izquierda y derecha para comprobar señalización adicional y todo aclarado; el sendero frente a la casa me lleva directo a la zona permitida.

El principal handicap pues estuvo relacionado con el acceso a la segunda “fila” del arrecife. Si quería realizar los lances desde allí, para poder alcanzar una distancia razonable, tenía que ser aprovechando la bajamar. Mi equipo (cañas de 2.20cm y 2.70cm) no iba a permitirme realizarlo de otra manera en cualquier caso, pero la doble formación rocosa hubiera supuesto también un gran problema incluso para equipos potentes de surfcasting.

Sería el primer día el más atípico, y también el más fructífero en cuanto a peces capturados, consiguiendo llevar a la mano todas las especies que posteriormente vería durante el resto de días (otro Grand Slam!?). Tal vez lo difícil del acceso (por aislado) haya sido un factor clave en haber descubierto tres nuevas especies que jamás antes había pescado (y han sido muchas las jornadas de pesca en las costas gaditanas). He tenido que tirar de Internet para poder ponerles nombre:

Aprovecho para presentaros ICTIO-TERM, la base de datos terminológicos y de identificación de especies pesqueras de las costas de Andalucía, una web MAGNÍFICA.

Los bodiones pusieron el punto “glamuroso”, con su buen porte, aunque no muy combativos. La boga la sorpresa… quien iba a decirme que la conocería antes en el río que en las costas donde aprendí a pescar. Y las doncellas sencillamente fueron la tónica habitual, muy por encima del resto de capturas (incluidas las mojarras que lógicamente aparecieron). De pequeño tamaño, alargadas y preciosos colores, muestran una gran agresividad, lanzándose a todo… fueron las únicas dispuestas a entrar a los destartalados vinilos rescatados del fondo de mi caja… lástima que no tuvieran tamaño para embocar… porque capaces si que fueron de comerse un par de ellos poco a poco, por la cola, haciendo uso de sus pequeños (pero grandes en proporción) dientes. Me proporcionaron momentos muy divertidos cuando todo lo demás hubiera podido ser un bolo.

El siguiente vídeo resume la experiencia de esas mañanas de pesca en Tarifa. Breve historia de como la boga, la doncella y el bodión conocieron al rey pescador…

Resultado

De nuestro lado: Mojarras, Bogas, Doncellas (sobretodo) y Bodiones

De lado del Estrecho: Mi espinita no llevar a buen puerto ningún engaño con señuelo artificial (era de esperar por el material que llevaba). Tuvo que venir el chipirón al rescate.

Conclusiones

Lo bueno: El descubrimiento de las “Doncellas” y los “Bodiones” y, sin duda alguna, vivir la primera aproximación de mi hijo de 3 años a la pesca… se lo ha pasado en grande recogiendo sedal con el carrete desde la orilla.

Lo malo: Apostaderos limitados, tanto en espacio como en tiempo: por la presencia del parque natural en primer lugar y por la necesidad de ajustarse a los horarios de la bajamar para aproximarnos a la zona de profundidad con nuestros lances.

Estrecho de Gibraltar, Tarifa

Cuaderno de Pesca: Las obladas de Mazarrón

Puerto de Mazarron (Murcia)

Cuaderno de Pesca: Grand Slam del ‘rockfishing’ mediterráneo

Fecha: Agosto de 2013
Lugar: Puerto de Mazarrón, Murcia (España)
Objetivo: Espáridos, Serránidos y otras criaturas de los roquedos del mar Mediterráneo
Equipo: Spinning

Oblada mediterránea

Crónica

Serrano

Apenas tenía vagos recuerdos de infancia, así que pescar en el Mediterráneo era de por sí un gran aliciente. Una novedad en la práctica. Pese a lo cual, uno iba con los pies bien pegados a la tierra, es decir, era muy consciente que una zona altamente poblada de veraneantes, entre los que me incluía, no era a priori un escenario – ni una época – para albergar grandes expectativas.

El plan permitía estrecho margen de maniobra: zonas muy próximas y accesibles de Puerto de Mazarrón, para dedicar apenas las dos o tres primeras horas de la mañana, para volver justo a la hora del desayuno “estándar”. Así pues, fueron tres las salidas de pesca que pude disfrutar en esa semana de vacaciones. De la primera de ellas, en la escollera del puerto pesquero, prefiero ni hablar… o mejor dicho, da para otro artículo que ahora no es relevante. Sería en Playa Grande donde disfrutaría (no hay mejor palabra) de una estupenda mañana de pesca.

El escenario creo que era el más adecuado – dentro de las restricciones de mi radio de acción – por dos motivos fundamentales:

  • Primero, porque durante la época estival hay muy pocas zonas donde la pesca deportiva está legalmente permitida en el litoral de Mazarrón. Es muy importante consultar la normativa vigente en cada momento en la página web del Ayuntamiento de Mazarrón, donde se especifican zonas habilitadas y prohibidas según que fechas y horarios. Y por qué lo considero un privilegio: porque casi cualquier otra opción te coloca en la más absoluta ilegalidad y, aun así, allí que pude estar en pleno mes de Agosto en paz y tranquilidad.
  • Y segundo, porque el lugar proporcionaba una postura de pesca extraordinaria: zona acantilada y razonablemente segura que permitía situarse escasamente a un metro de altura sobre el mar, y con mucha actividad teniendo en cuenta estación del año. Me encantó por su belleza natural – nada que ver con el rollo espigón – con el horizonte al frente y la playa a un lado.

Oblada mediterráneaPero precisamente estos motivos lo convierten en un lugar disputado, su gran contrapartida… en mi tercera escapada no pude disfrutar de él… porque apenas da cobijo a un solo pescador… dos máximo, y solo en caso de que haya mucha confianza, ya sabéis. Y siempre hay alguien dispuesto a madrugar más que tú. Solución: un barco, fácil fórmula para dejar de ser un limitado “de orilla” :D

Me suele acompañar mi equipo de spinning habitual en río, junto con el arsenal de señuelos de todos los tipos, tamaños y colores… casi ninguno específico para agua salada; casi ninguno me funciona. Hasta la fecha, mis mejores resultados han sido con un montaje Carolina, con vinilo imitación de lombriz “watermelon”… poco más. Así que esta vez decidí seguir con esta técnica, pero cambiando el señuelo artificial por el cebo natural: chipirón en este caso. Nada más que un mix de lo más práctico, y de lo menos ortodoxo que uno se puede echar a la cara, pues ni es spinning ni es una clásica pesca a fondo.

Incluso convirtiéndome ya en un sin vergüenza podría decir que hablamos de una pesca “finesse”: tiritas de chipirón de tamaño discreto – para cubrir anzuelo y un poco más, junto con una velocidad de recogida lenta e intermitente. ¡Mortal! (no literalmente, ya sabéis, todo volvió a las aguas inmediatamente después de la foto correspondiente).

Picadas incontables, pues fueron continuas hasta terminar las existencias de los cefalópodos usados como cebo. Obviamente reponiendo a una velocidad de vértigo debido al empleo de anzuelos sin muerte (obligado si vamos a practicar captura y suelta, por favor). Al no existir el arponcillo, la escurridiza carne del chipirón sale disparada del anzuelo cuando el pez emboca solo por un extremo del cebo.

Oblada mediterránea

Pero como no todos los peces atacan al chipirón como si de la dama y el vagabundo ante un espagueti se tratase, no tardarían en aparecer las capturas. La oblada confirmó su hegemonía en la zona, consiguiendo sacar cuatro hermosos ejemplares, en tamaños iguales o superiores a la “cuarta” (de mi mano), medida universal que tendréis que aceptar mientras no disponga ni de cinta métrica ni báscula alguna.

El serrano, o vaca serrana, también haría su digna aparición. Un pez hermoso que fascina y sorprende a quién lo captura por primera vez. Este no era el primero que pescaba, pero ciertamente no han sido muchos en mi vida. Una alegría por lo tanto, ¡y pieza clave de mi “grand slam”! Disculpadme la broma sobre lo del grand slam del rockfishing mediterráneo… es que uno ya aprende, gracias a las lecturas de medios especializados, a como conseguir vender un artículo como un PRO. Pero en ningún caso trato de engañaros. No tengo ni idea de si existe un grand slam del rockfishing, ni que tres especies supuestamente concederían el título… pero para mis expectativas individuales, y no sin cierto cachondeo, ahí estuvo.Oblada mediterránea

Si hay una especie de nuestro litoral a la que le guardo especial cariño, es sin duda al sargo. Es la imagen en mi memoria de mi infancia pescadora, la primera que viene al recuerdo y la imaginación al evocar o anticipar momentos de pesca en agua salada. Espáridos sobre cesta de esparto, un bodegón del que ahora huyo, pero no renuncio. Fue la captura de mayor entidad de la jornada, y la más peleada. La experiencia de capturar un sargo con el equipo de spinning (7 pies y 4-28gr de acción) nada tiene que ver con hacerlo, como solía en mis años mozos, con cañas de 4 o 5 metros y 100-200 gramos de acción.

Ha habido un antes y un después desde que adopté la “captura y suelta” tras años de cargar con bolsas llenas para casa. Un punto de inflexión en el que se me puso a prueba. Es fácil para alguien como yo, que nunca comí trucha, devolver una fario al río sin la menor duda. Pero este sargo ha sido la clave de la superación personal, frente a mi mismo y a los que me rodean. Su carne es sabrosa, sí, pero el sabor de boca que deja la satisfacción de verlo volver a las aguas dura mucho, mucho más.

De porte poderoso, todo un símbolo de nuestro ecosistema, presente en el Mediterráneo, el Atlántico y el Cantábrico. El “rock star” indiscutible del rockfishing nacional. Ahí lo tenéis en la foto, cerrando este “Grand Slam” particular en aguas murcianas. No me digáis que de verdad no habéis probado nunca a liberarlo. Es todo un espectáculo cuanto más grande es.

Sargo

Resultado

De nuestro lado: 4 Obladas, 1 Sargo y 1 Serrano – ¡¡Grand Slam!!

De lado del Mediterráneo: Un nuevo admirador, con muchas ganas de poder repetir.

Conclusiones

Lo bueno: Conocer de cerca a la bonita Oblada, y anotar este modesto “Grand Slam” en apenas un par de horas en un escenario precioso; de los  más bonitos de cuantos he podido pescar hasta el momento en las costas españolas.

Lo malo: ¿Faltó la reina? ¿La lubina? No, claro que no… Lo peor: el lamentable comportamiento de algún que otro miembro del club “Captura y Fríe” de inmaduros. Mis ojos siguen sin dar crédito a que alguien meta en la saca un pez de tamaño inferior a la palma de la mano.

Cuaderno de Pesca: Boga’s Party en el río Lozoya

Caña y Moscas

Cuaderno de Pesca: Bogas, Ninfas y Secas

Fecha: Junio de 2013
Lugar: Río Lozoya, Madrid (España)
Objetivo: Trucha autóctona
Equipo: Flyfishing – Pesca a mosca

Crónica

La temporada avanza rápidamente y siento como se escapan las oportunidades. Una opción aparece de repente para el fin de semana: ¡rápido! ¿A dónde ir? Dejo a parte mi lucha personal con el anacronismo de la Comunidad de Madrid a la hora de solicitar permisos para los cotos (en ventanilla y con horario solo apto para jubilados, parados o aquellos que son jefes de sí mismos) , así que tengo que decidirme rápidamente por uno de los consorciados, donde poder obtener un permiso (previa información) directamente con el guarda o en la oficina (si, el bar) de la sociedad de pescadores que lo gestione. Me apatecía mucho ir a Santa María de la Alameda, pero el teléfono de contacto parece no estar operativo. Descarto la idea de explorar nuevos territorios, así que decido volver al tramo libre sin muerte del río Lozoya, entre Rascafría y Oteruelo del Valle. Había estado una vez antes, tremendo día de frío y agua, imposible pescar; pero había ganas de río, pues la salida anterior unas semanas antes había sido en Miraflores (embalse). ¡Adjudicado! Y encima sin pagar permiso.

Madrugón interesante – el lado malo de estas jornadas regadas con horas de luz – para aprovechar “la fresca”… 4º centígrados, siete grados menos que la mínima prevista en el tiempo.es (¿en qué estabamos pensando Maldonado?). Menos mal que la máxima si se acercó a la previsión, así que pasado el susto inicial, podemos decir que la climatología fue perfecta.

Río Lozoya

Mientras montamos aparejos y nos “armamos” con el vadeador, botas, etc… no dejo de pensar en lo duro que va a ser para un novato como yo en esto de la pesca a mosca un escenario tan “ratonero” como el de este tramo. La vegetación practicamente apantalla el río por ambas orillas. El vadeador es imprescindible si no queremos vernos relegados a lanzar desde apenas un par de lugares. Presumo pasar más horas desenganchando moscas de los árboles que de las bocas de las fario.

Los primeros instantes reconozco estar más interesado en moverme por el río que en lanzar (es lo que tiene los que llevamos dos telediarios con el vadeador… nos encanta recrearnos con esa sensación de libertad… comparando además con las limitaciones de la visita anterior a la zona, en la que no llevaba ni de lejos el equipo adecuado). Es así como llego a un precioso rincón, justo en una bifurcación del río; una pequeña poza, de aspecto mágico a esta hora de la máñana, cubierta por varios troncos de un arboles semicaídos. “Ahí abajo seguro que hay alguna buena escondida” – me digo mientras fijo mi vista en el fondo de las aguas cristalinas. Y ahí estaban, ¿dos pequeñas truchas? Imposible lanzar ahí, pero no pensaba irme sin intentarlo aunque fuera de alguna manera poco ortodoxa. Recojo toda la línea en el carrete, dejando apenas un metro del bajo colgando de la punta de la caña… vamos a ver que tal si dejamos caer esta ninfa por el hueco que forman estas ramas del árbol…

Fué la primera vez que lo veía en vivo y en directo: la ninfa derivó por la corriente mientras caía hacia el fondo. Las aguas cristalinas te permitían ver que estaba pasando en cada instante. Y allí fue como a la primera, sin dudarlo, aquel pez no dudó en lanzarse sobre el insecto que arrastraba la corriente practicamente hasta su boca… incluso tardé bastante en reaccionar y clavar ligeramente. No era un trucha, era una boga, pero da igual. Ese instante en el que clavas por primera vez la mosca. Una magnífica e inolvidable ninfa; ¡¡una captura a pez visto con ninfa!!

Río Lozoya

Tras disfrutar de ese “estreno” del equipo de flyfishing, una vez traspasada la barrera psicológica, decido seguir subiendo el río a buscar el objetivo principal: las truchas. Apenas unos metros arriba detecto otro pequeño grupo de peces. Esta vez me fijo bien, sin nervios. Son bogas. Sabiendo que tengo montada una ninfa imbatible (100% de éxito en su primera presentación) procedo al lance, aunque con menos fortuna esta vez. El porcentaje de aciertos cae drásticamente, pero las bogas muestran cierto interés. En tres o cuatro lances vendría la segunda. Una vez liberado el animal me dispongo a guardar esta joya de la corona, esta ninfa pescadora, para intentar descubrir las capacidades del resto del arsenal de la caja. Apenas termino de montar otra ninfa cuando percibo a mi lado un movimiento sinuoso de proporciones mayores a la de las bogas; apenas a metro y medio de mis pies un barbo de unos 40cm está remontando la corriente. Nervios… pez asustado. Lances desesperados. Adiós barbo.

No me rindo facilmente, así que decido remontar despacito el río, presumiendo que tal vez podamos volver a encontrarnos – el ritmo que llevaba no parecía expresar ninguna prisa por llegar lejos -. Descubro otra poza interesante, con mucha, mucha actividad. Aquí empezaría el espectáculo. Pongo a prueba mis ninfas con las bogas que están comiendo en el fondo: dos, tres, cuatro, cinco… buena cuenta para apuntar también las moscas ganadoras. Me debato entre seguir remontando el río, buscando las ansiadas truchas, o dar rienda suelta a la diversión y a la experimientación de mis moscas. Más vale pajaro en mano, sobretodo para un novato como yo, así que decido quedarme allí clavado.

La elección, sin duda correcta, me regalaría otra experiencia magnífica. Con el sol ya luciendo en lo alto del cielo, un grupo de bogas decide comenzar a cebarse en superficie con lo que la corriente arrastra, apenas unos metros arriba. ¿Que tal funcionarán mis moscas secas? Decido probar con una “atractora” (desde que leí sobre ellas he sentido una gran curiosidad). Un par de lances falsos y allí va… la mosca deriva decentemente y apenas al pasar sobre el grupo: ¡bam! Que os voy a decir que no sepáis los que lleváis años en esto. ¡Precioso instante! Seis, siete, ocho, nueve, diez… Vuelta a experimentar con otras secas: once, doce, trece, catorce… y algunas más que ya se me olvidan contabilizar… que importa ya esas miserias de los que pescamos pocos y nos sobran dedos para contar las capturas… Hacía mucho, mucho, que no disfrutaba como lo hice esa mañana. Y no tanto por el número de capturas. Podrían haber sido la mitad, para mi lo importante fue poder disfrutar en apenas unas horas de la pesca a mosca tanto a ninfa como a seca. Poder alcanzar un segundo nivel en esta modalidad. Olvidarme por un momento del lance, como si llevara años haciéndolo, simplemente atento a la deriva, al instante de clavar, al estudio del interés o el rechazo de los peces, del dragado…

Si, podemos confirmarlo: definitivamente me puedo considerar un adepto más de la pesca a mosca, para siempre.

Boga del Lozoya

Resultado

De nuestro lado: +15 bogas

Por parte del río Lozoya: Ninfa perdigón oreja de liebre (un adorno innecesario en uno de los árboles de la orilla)

Conclusiones

Lo bueno: Superar por mucho las espectativas: “estrenarse” con la mosca, tanto a ninfa como a seca, y en abundancia.

Lo malo: Sin noticias de las truchas (aunque reconozco mi traición a este objetivo principal)

Cuaderno de Pesca: río Eresma

Cuaderno de Pesca: Días #3 y #4

Fecha: Julio de 2012
Lugar: Río Eresma, Segovia (España)
Objetivo: Trucha autóctona – explorar nuevo entorno
Equipo: Spinning – Cucharilla de un solo arpón y sin muerte

Crónica

Forzado por las “restricciones” establecidas en los TLSM de la Comunidad de Madrid, donde la cucharilla no está permitida, ni siquiera cuando solo va provista de un arpón sin muerte, decidí ampliar el radio de acción a unos pocos kilómetros más, hacia la Comunidad de Castilla y León, pues ya disponía de licencia para la misma.

Investigando los tramos libres sin muerte y escenarios deportivos más próximos de las provincias limítrofes con Madrid, pude localizar en Segovia, en el río Eresma, un objetivo apropiado: el EDS Eresma. Su distancia desde el centro de la ciudad, pasado el puerto de Navacerrada, lo convierten en una localización muy asequible para realizar incluso alguna escapada por la tarde, aprovechando los largos días de verano. O al menos para los que estamos acostumbrados a los desplazamientos “asumibles” de la capital.

La primera jornada pintaba desde luego muy calurosa en pleno mes de Julio, lo cual al mismo tiempo es en sí era un aliciente para poder “vadear a pelo” y refrescarse. La realidad en cambio estableció sus propias condiciones:

– El clima en la sierra no tenía nada que ver con el de la ciudad. Totalmente cubierto y amenazando lluvia
– El cauce del río Eresma en este punto convierte el termino “vadear” en un concepto desproporcionado (había que esforzarse, y mucho, por conseguir un tramo en el que cubrir la rodilla)

El límite inferior del EDS Eresma se sitúa en el área recreativa de Los Asientos, buen lugar donde dejar el coche y recorrer pues el tramo río arriba. Primeras impresiones nada más llegar: área bien cuidada, y la normal presencia en esta época del año de personas disfrutando del entorno y el merendero. Un destino que apuntaría a la lista de lugares para disfrutar junto a la familia.

Del Eresma me sorprendió su contenido “tamaño”, sobretodo por su calado. No por anormal, sino por ser la primera vez que iba a intentar pescar en un río de estas reducidas dimensiones. Alrededor de seis metros en sus tramos más anchos y de unos dos metros en los estrechos, con una profundidad media de “un palmo de agua”. No habría creído posible pescar allí si no hubiera sido por los comentarios leídos en Internet, y por estar catalogado como espacio deportivo social (y tramo libre sin muerte por tanto fuera de competiciones planificadas).

El tramo es bien corto, de apenas 1Km de longitud, y se puede recorrer completamente disfrutando de un estupendo paseo por los senderos que lo bordean en ambas márgenes. Cómodo y sin ninguna dificultad física. El paisaje es estupendo, excepto tal vez en las zonas donde la proximidad de la carretera es evidente. El río tiene en este tramo rincones verdaderamente bonitos.

Decidido a ir contra los cánones, me voy directo hasta el tramo superior para pescar río abajo, con la intención de finalizar junto a la zona del parking, ya que el principal objetivo de estas jornadas eran las de explorar una nueva zona, descubrir todos los rincones posibles, sin detenerme demasiado en cada zona.

Llego al extremo superior, justo a la altura del puente de Navalacarreta, improviso – por primera vez – un aparejo de buldó con una una ninfa al final del bajo (¡gracias por las moscas, Jose!)… para ver de que va esto. Las sensaciones son extrañas, la novedad; echando en falta sentir la cucharilla trabajando al final del bajo. Sigo la deriva de la corriente, dejándome la vista para localizar la mosca. Un par de lances y compruebo como despierto la curiosidad de una pequeña (muy pequeña) pintona. Se queda en eso; el desinterés ha sido más que evidente tras el breve periodo de observación. Y no da tiempo para un lance más… las gotas de lluvia que habían aparecido tímidamente deciden acompañar en magnitud a los truenos y relámpagos que empiezan a resquebrajar el cielo.

Preocupado por el aparato eléctrico fundamentalmente, decido refugiarme bajo el puente de piedra (menos mal haber llegado aquí a tiempo). Cuarenta y cinco minutos de rayos y centellas.

Terminada la tormenta retomo la actividad. Para pasar el tiempo, entre otras cosas, me dediqué a preparar de nuevo el bajo para la cucharilla, guardando buldó y ninfa. Así que con la confianza retomada por el aparejo conocido, comienzo a probar río abajo, siempre desde orilla (el tiempo no acompaña mojarse los pies). ¡¡Y llegó la primera!! Cucharilla río abajo, recogiendo muy lentamente, para dejarla prácticamente suspendida en el pequeño torrente donde estoy probando suerte. La pequeña trucha demuestra su coraje saltando por los aires, rozando entre brinco y brinco la superficie del agua. A tres metros se suelta del único anzuelo sin muerte de la cucharilla. Queda la maravillosa sensación de haberlo conseguido, cuando uno empieza a dudar de poder enganchar un pequeña trucha en aguas de apenas un palmo de profundidad, con una cucharilla del número dos (¡enormes para estas lugareñas!) y un bajo del 0.20… Suerte, pues tal vez, pero la satisfacción no es menor.

Emocionado como estoy por la captura, me vengo arriba justo para darme cuenta que estoy rodeado por ganado bravo… No son Miuras desde luego, pero las miradas fijas y penetrantes de algunas vacas no las interpreto como amistosas… prefiero recoger, dar un rodeo y continuar río abajo… La luz va mermando algo más rápido de lo calculado, lo cual es lógico encontrándonos en la cara norte de la sierra y en pleno bosque. Será en las pequeñas pero hermosas gradas del Eresma, próximas al parking, donde consiga capturar la segunda trucha (esta vez si llega a mis manos). No pudo resistirse a una cucharilla de colores amarillo y naranja fluorescentes. Hora de volver a casa con la sensación de haber enderezado una tarde que prometía decepción por culpa de la tormenta eléctrica.

Animado por la experiencia, y tras comprobar el pronóstico del tiempo, me animo a repetir apenas unos días después. Durante el viaje de ida en coche hago un repaso de la estrategia a plantear, localizando en el mapa mental aquellos lugares que me ofrecieron mejores resultados, querenciosos para la imaginación en el fondo… pues no es garantía de nada probar la misma técnica en los mismos lugares. Voy recorriendo la lista en mi cabeza cuando me doy cuenta de haberme olvidado de un par de importantes puntos pendientes: la cucharilla más pequeña, obviamente, sigue siendo del número dos, si no he tenido a bien de proveerme de nuevas… e igualmente el bajo de línea es del 0.20… Vaya cagada, con perdón. El ansia a veces nos ciega… y también la falta de tiempo y precipitación por aprovechar las pocas oportunidades que ofrece los quehaceres cotidianos. Lo positivo: ya tengo una buena motivación para la próxima temporada :)

La segunda visita a este escenario deportivo tiene como resultado el mismo balance positivo, con un par de capturas. Una de ellas ha entrado directamente en el libro personal de récords, ocupando el puesto de “la trucha más pequeña jamás pescada”. Es realmente sorprendente como un espécimen de tan reducido tamaño pueda siquiera haber intentado lanzarse sobre una cucharilla de casi la mitad de grande que ella misma, y de peso también superior. No hubo picada. Sencillamente inexistente. Por suerte me di cuenta de que estaba enganchada al anzuelo al recoger, justo antes de proceder al siguiente lance. La situé sobre la palma de la mano, sumergiéndola en una zona de poca corriente y retirar el anzuelo muy suavemente (¡¡qué importante usar anzuelos sin muerte!! En este tramo es obligatorio, pero en uno “con muerte”, de haber empleado anzuelos con arponcillo, habría supuesto un daño irreparable en un animal que en cualquier caso tendría que ser devuelto al agua).

En definitiva, la segunda visita, aunque igual en “resultados”, me aportó dos importantes puntos adicionales a la experiencia anterior: el primero de ellos, una mayor capacidad de localización visual de las truchas, disfrutando además al ver como perseguían como locas las cucharillas – aunque para perder inmediatamente el interés en las mismas. Y el segundo, el placer de refrescarme en pleno mes de Julio con unas aguas de temperatura exquisita a la altura de los tobillos en un entorno extraordinario…

Resultado

De nuestro lado: 3 truchitas peleonas y 1 alevín intrépido

Por parte del río Eresma: Chaparrón y tormenta eléctrica

Conclusiones

Lo bueno: Un gran paisaje en el que poder practicar la pesca, y también acudir otras ocasiones con la familia bajo el rol de dominguero :)

Lo malo: Con buen tiempo y en fin de semana la afluencia de gente es elevada (y comprensible). Resta el sosiego que muchas veces buscamos… y acojonan a las pintonas :)

Cuaderno de Pesca: Bolo en San Juan

Embalse de San Juan (Madrid)

Cuaderno de Pesca: Día #2

Fecha: Sábado 16 de Junio de 2012
Lugar: Embalse de San Juan, Madrid (España)
Objetivo: Black-bass de tamaño medio (1 a 2 Kg)
Equipo: Spinning – Vinilos y Artificiales duros (jerkbaits)

Crónica

Me gusta ser honesto, así que vaya por adelantado que esta es la crónica de un señor bolo. No seré yo quien haga perder el tiempo a los ávidos devoradores de vídeos e relatos cargados de capturas. ¡Que más quisiera yo que complacer en eso! Pero no, este no es el caso.

Muy tentado estuve de no mostrar mis vergüenzas en público, pero a raíz de ese “orgullo bolo” que me ha dado por reivindicar (ver artículo) finalmente me he animado a escribir crónica del mismo. Haced con ella lo que prefiráis; os podéis partir la caja de risa, sentiros identificados, sentiros mejores como pescadores… ¡Se admiten críticas, sugerencias y comentarios de todo tipo!

Antecedentes:

Esta ha sido mi segunda visita al pantano madrileño. Mi primera vez en el embalse de San Juan, apenas un mes y pico antes, había resultado un éxito rotundo, sobretodo comparándolo con esta última: ¡me estrenaba con el black-bass! Primero con tres “raspillas”, de la mano del popular Countdown de Rapala, para dar la campanada con un buen ejemplar que rondaría entre 1.5 o 2 Kg, que capturaba con el que hasta ahora es mi señuelo artificial favorito: Bill Lewis High Def Bluegill.

La jornada:

Con estos antecedentes mis expectativas eran altas. Recordaba perfectamente los lugares donde había tenido las picadas o avistado a los basses, con la “ventaja” de saber que señuelos me habían dado mejores resultados. Ya sabéis, la ilusión que alimenta esta afición y que hace que un “madrugón” en pleno fin de semana siente tan bien, independientemente de la cantidad de kilómetros por recorrer.

A mi llegada al embalse ya había un pequeño grupo de pescadores preparando sus patos junto al coche; buen rollo y camaradería. Muchas ganas en el ambiente de pasar una agradable jornada de pesca; contagio de ilusiones y expectativas.

Los primeros lances los realizaría en el zona del “embarcadero” (donde los patos hacen su entrada al agua). Allí donde saltaba un pez (muchos, a estas horas) dirigía mi Norman Suspend DD22 de color “tomates verdes fritos”… con la esperanza de que esos barbos estuvieran surcando los cielos a modo de evasión de algún depredador. Tal vez así conseguiría atraer su atención con mi señuelo “facilón”. Tras cuatro o cinco intentos, cuando menos lo espero, el DD22 se detiene bruscamente durante la recogida. Doy un cachete instintivo y ¡ZAS!: la caña pierde tensión y recojo un trenzado. Sin comentarios. No se a vosotros si os ha ocurrido, pero a mi se me quedó cara de tonto. ¿Anudé mal el trenzado al grillete? ¿Un lucio acaba de darle un tajo a mi trenzado del 0.20 de 13Kg de resistencia? Permitidme que me quede con lo segundo para añadirle algo de mística al relato, aunque desde luego ahora me tomo muchas más molestias con los nudos que realizo, tal vez porque finalmente no hubo más rastro de Eduardo Manostijeras en aquella zona.

Tras perder el señuelo decido redirigir mis pasos hacia las posturas que me dieron éxito en la última visita al embalse. La primera sorpresa fue ver como en apenas unas semanas el nivel del agua había bajado casi dos metros, pudiendo literalmente caminar sobre algunas de las rocas donde había localizado basses.

Las reglas del juego habían cambiado, pero aún así sería en esos puntos de la orilla donde probaría con todos los señuelos que dieron buenos resultados: los ya comentados Countdown de Rapala y la estrella de mi mochila, el Bill Lewis High Def Bluegill, concentrándome más en el mismo lugar donde éste último cosechara la victoria en forma de 2Kg aproximados de Black-Bass.

Nada, cero, vacío, void, null, nil… ¡¿nada de nada!? ¡¡Peor aún!! Mi Bill Lewis se engancha en el fondo… 10 minutos inútiles dedicados a intentar rescatar al héroe, seguidos de otros tantos de blasfemias e improperios. Repose en Paz.

Continuaría pues mi recorrido a lo largo de la orilla, buscando ahora esas buenas respuestas de los basses pequeños al Countdown, reproduciendo exactamente los mismos resultados: NADA.

Ni la más triste picada. Acompañado por una tortuga, que parecía contemplar con curiosidad – o más bien incredulidad – mis lances, así como algún baby-bass aprendiendo a distinguir entre comida y vinilo. Tiempo de volver a casa justo cuando el calor empieza a apretar. Sería en el camino de vuelta cuando se produce el hallazgo que equilibraría mínimamente la balanza un poquito a mi favor: encuentro en la orilla una spinnerbait enganchada a una roca, otrora sumergida por las aguas. Una Stanley Wedge que, a modo de amuleto, seguro que dará sus frutos…

Mientras, el embalse, se convierte en escenario de todo tipo de actividades actuático-deportivas.

Resultado

De nuestro lado: 1 Stanley Wedge Spinnerbait

Por parte de San Juan: 1 Norman Suspend DD22 y 1 Bill Lewis High Def Bluegill

Conclusiones

Lo bueno: Todo lo que un bolo puede ofrecer: disfrutar del paisaje y el paseo al aire libre. ¡¡Y una spinnerbait!!

Lo malo: Perder mi señuelo estrella, junto con la sensación de estar en el lado equivocado del embalse – ¿dónde estaban los basses? – y de estar haciéndolo mal.

Cuaderno de Pesca: Truchas y Lucios en el río Tera

Pescando a Spinning en el Río Tera

Cuaderno de Pesca: Día #1

Fecha: Sábado 2 de Junio de 2012
Lugar: Río Tera, Zamora (España)
Objetivo: Investigar nuevos tramos en busca de truchas y lucios
Equipo: Spinning – Cucharillas giratorias y Artificiales duros (jerkbaits)

Crónica

Con la ilusión que siempre produce encaminarse a un lugar aún sin explorar por nuestros sentidos, dejando volar la imaginación mientras consultábamos por última vez el mapa, nos dirigimos hacia una zona libre del río Tera, donde las historias de pescadores locales hablaban de encuentros entre truchas y lucios de buen porte.

Nuestra primera toma de contacto con el río fue en una zona de corrientes moderadas producidas más por el estrechamiento del cauce que por la inclinación del terreno. Primer avistamiento nada más aproximarse a la orilla (nunca es suficiente la precaución): una estela en forma de flecha rasgaba la superficie, sin demasiadas prisas y apenas a medio metro de nuestras botas, abandonando la orilla de no más de un palmo de profundidad. Nuestra apuesta por un “lapicero”. Río arriba una tabla, así que decidimos comenzar ahí mismo y descender siguiendo la corriente.

La margen derecha en la que nos encontramos nos permitió orillar con total facilidad, si bien bajados unos 150 metros, coincidiendo con una bifurcación de las aguas, el vadeador se hizo necesario para continuar descendiendo con facilidad. La alternativa pasaba por atravesar una senda ciertamente enmarañada de ramas; fue incómodo pero posible. Será en ese encuentro entre la corriente que se bifurca y las aguas paradas del remanso de la curva donde se presentó el primer aspirante a lucio del día.

Una vez “agotadas” la expectativas de ese tramo nos dirigimos río arriba, unos 2km aproximadamente, donde encontramos un pequeño acceso a una bonita zona de corrientes en la que el río quedaba dividido por una pequeña isla. Sería en este rincón donde por fin hizo aparición la deseada trucha. ¡Foto y al agua! (bueno, en este caso vídeo). Sin embargo nuestras ansias exploradoras nos llevarían todavía más arriba del río, para intentarlo en la parte final de una gran tabla donde, tal y como habiamos imaginado, encontraríamos al segundo aspirante a lucio del día. Y como no hay dos sin tres, otro más haría aparición, pero tan solo lo justo para “robar” con un certero corte del bajo de línea una cucharilla color cobre que buscaba truchas…

Resultado

De nuestro lado: 2 Lucios y 1 Trucha

Por parte del Río Tera: 3 cucharillas y 2 rapalas

Conclusiones

Lo bueno: Descubrimos un bonito paisaje donde poder disfrutar tanto de corrientes como de tablas.

Lo malo: Tal vez tuvimos nosotros un mal día, pero las picadas fueron muy pocas. Me gustaría pensar que no como consecuencia directa de ser un tramo libre.