Etiquetado: boga

Cuaderno de Pesca: Tarifa 2014

Estrecho de Gibraltar, Tarifa

Cuaderno de Pesca: Tarifa y el Estrecho de Gibraltar

Fecha: Julio de 2014
Lugar: Tarifa, Cádiz (España)
Objetivo: Criaturas pisciformes de los roquedos gaditanos :)
Equipo: Spinning

Crónica

Llegaron las vacaciones de verano, y con ello:

  1. Dejar atrás el estrés del trabajo.
  2. Abandonar la ciudad durante un par de semanas
  3. Volver a la tierra natal
  4. Alojarse en una magnífica casa, ubicada en plena costa del Estrecho de Gibraltar.
  5. África a la vista, café y tostada untada en brisa marina.
  6. Playa, océano…
  7. … ergo “Pesca”

Debo confesar que con este plan por delante, pescar es la guinda del pastel, y como tal suelo plantear las salidas durante las vacaciones estivales en familia; pequeñas escapadas, a primera hora de la mañana, de vuelta para el desayuno. Dos o tres horas para disfrutar al amanecer, si la marea lo permite. En este caso el escenario era inmejorable para maximizar las “jornadas”, pues la casa estaba emplazada en plena costa, en una finca rural a 150 metros de la orilla. Un paseo equipo en mano, con “lo puesto”, y en 5 minutos el anzuelo en el agua.

Zona de ReservaUn día antes había llevado a cabo el estudio del terreno, localizando el mejor apostadero. Las consideraciones a tener en cuenta en la elección estaban básicamente condicionadas por:

  • Las inmediaciones del terreno, parte del Parque Natural del Estrecho: prohibición de la pesca y el marisqueo
  • Geografía del terreno: fondo rocoso, formando un doble arrecife longitudinal a toda la costa.

Lo primero fue identificar las zonas hábiles donde la pesca estuviera permitida. De nada vale una licencia y luego incumplir la normativa de las zonas reservadas. En este caso la señalización “in situ” pudo sacarme de dudas mejor cualquiera de los mapas y normativas disponibles. Un indispensable “Ud. está aquí”, una flecha marcando la dirección, y los metros de distancia… Ya queda clara la zona vedada. Un paseo a izquierda y derecha para comprobar señalización adicional y todo aclarado; el sendero frente a la casa me lleva directo a la zona permitida.

El principal handicap pues estuvo relacionado con el acceso a la segunda “fila” del arrecife. Si quería realizar los lances desde allí, para poder alcanzar una distancia razonable, tenía que ser aprovechando la bajamar. Mi equipo (cañas de 2.20cm y 2.70cm) no iba a permitirme realizarlo de otra manera en cualquier caso, pero la doble formación rocosa hubiera supuesto también un gran problema incluso para equipos potentes de surfcasting.

Sería el primer día el más atípico, y también el más fructífero en cuanto a peces capturados, consiguiendo llevar a la mano todas las especies que posteriormente vería durante el resto de días (otro Grand Slam!?). Tal vez lo difícil del acceso (por aislado) haya sido un factor clave en haber descubierto tres nuevas especies que jamás antes había pescado (y han sido muchas las jornadas de pesca en las costas gaditanas). He tenido que tirar de Internet para poder ponerles nombre:

Aprovecho para presentaros ICTIO-TERM, la base de datos terminológicos y de identificación de especies pesqueras de las costas de Andalucía, una web MAGNÍFICA.

Los bodiones pusieron el punto “glamuroso”, con su buen porte, aunque no muy combativos. La boga la sorpresa… quien iba a decirme que la conocería antes en el río que en las costas donde aprendí a pescar. Y las doncellas sencillamente fueron la tónica habitual, muy por encima del resto de capturas (incluidas las mojarras que lógicamente aparecieron). De pequeño tamaño, alargadas y preciosos colores, muestran una gran agresividad, lanzándose a todo… fueron las únicas dispuestas a entrar a los destartalados vinilos rescatados del fondo de mi caja… lástima que no tuvieran tamaño para embocar… porque capaces si que fueron de comerse un par de ellos poco a poco, por la cola, haciendo uso de sus pequeños (pero grandes en proporción) dientes. Me proporcionaron momentos muy divertidos cuando todo lo demás hubiera podido ser un bolo.

El siguiente vídeo resume la experiencia de esas mañanas de pesca en Tarifa. Breve historia de como la boga, la doncella y el bodión conocieron al rey pescador…

Resultado

De nuestro lado: Mojarras, Bogas, Doncellas (sobretodo) y Bodiones

De lado del Estrecho: Mi espinita no llevar a buen puerto ningún engaño con señuelo artificial (era de esperar por el material que llevaba). Tuvo que venir el chipirón al rescate.

Conclusiones

Lo bueno: El descubrimiento de las “Doncellas” y los “Bodiones” y, sin duda alguna, vivir la primera aproximación de mi hijo de 3 años a la pesca… se lo ha pasado en grande recogiendo sedal con el carrete desde la orilla.

Lo malo: Apostaderos limitados, tanto en espacio como en tiempo: por la presencia del parque natural en primer lugar y por la necesidad de ajustarse a los horarios de la bajamar para aproximarnos a la zona de profundidad con nuestros lances.

Estrecho de Gibraltar, Tarifa

Cuaderno de Pesca: Boga’s Party en el río Lozoya

Caña y Moscas

Cuaderno de Pesca: Bogas, Ninfas y Secas

Fecha: Junio de 2013
Lugar: Río Lozoya, Madrid (España)
Objetivo: Trucha autóctona
Equipo: Flyfishing – Pesca a mosca

Crónica

La temporada avanza rápidamente y siento como se escapan las oportunidades. Una opción aparece de repente para el fin de semana: ¡rápido! ¿A dónde ir? Dejo a parte mi lucha personal con el anacronismo de la Comunidad de Madrid a la hora de solicitar permisos para los cotos (en ventanilla y con horario solo apto para jubilados, parados o aquellos que son jefes de sí mismos) , así que tengo que decidirme rápidamente por uno de los consorciados, donde poder obtener un permiso (previa información) directamente con el guarda o en la oficina (si, el bar) de la sociedad de pescadores que lo gestione. Me apatecía mucho ir a Santa María de la Alameda, pero el teléfono de contacto parece no estar operativo. Descarto la idea de explorar nuevos territorios, así que decido volver al tramo libre sin muerte del río Lozoya, entre Rascafría y Oteruelo del Valle. Había estado una vez antes, tremendo día de frío y agua, imposible pescar; pero había ganas de río, pues la salida anterior unas semanas antes había sido en Miraflores (embalse). ¡Adjudicado! Y encima sin pagar permiso.

Madrugón interesante – el lado malo de estas jornadas regadas con horas de luz – para aprovechar “la fresca”… 4º centígrados, siete grados menos que la mínima prevista en el tiempo.es (¿en qué estabamos pensando Maldonado?). Menos mal que la máxima si se acercó a la previsión, así que pasado el susto inicial, podemos decir que la climatología fue perfecta.

Río Lozoya

Mientras montamos aparejos y nos “armamos” con el vadeador, botas, etc… no dejo de pensar en lo duro que va a ser para un novato como yo en esto de la pesca a mosca un escenario tan “ratonero” como el de este tramo. La vegetación practicamente apantalla el río por ambas orillas. El vadeador es imprescindible si no queremos vernos relegados a lanzar desde apenas un par de lugares. Presumo pasar más horas desenganchando moscas de los árboles que de las bocas de las fario.

Los primeros instantes reconozco estar más interesado en moverme por el río que en lanzar (es lo que tiene los que llevamos dos telediarios con el vadeador… nos encanta recrearnos con esa sensación de libertad… comparando además con las limitaciones de la visita anterior a la zona, en la que no llevaba ni de lejos el equipo adecuado). Es así como llego a un precioso rincón, justo en una bifurcación del río; una pequeña poza, de aspecto mágico a esta hora de la máñana, cubierta por varios troncos de un arboles semicaídos. “Ahí abajo seguro que hay alguna buena escondida” – me digo mientras fijo mi vista en el fondo de las aguas cristalinas. Y ahí estaban, ¿dos pequeñas truchas? Imposible lanzar ahí, pero no pensaba irme sin intentarlo aunque fuera de alguna manera poco ortodoxa. Recojo toda la línea en el carrete, dejando apenas un metro del bajo colgando de la punta de la caña… vamos a ver que tal si dejamos caer esta ninfa por el hueco que forman estas ramas del árbol…

Fué la primera vez que lo veía en vivo y en directo: la ninfa derivó por la corriente mientras caía hacia el fondo. Las aguas cristalinas te permitían ver que estaba pasando en cada instante. Y allí fue como a la primera, sin dudarlo, aquel pez no dudó en lanzarse sobre el insecto que arrastraba la corriente practicamente hasta su boca… incluso tardé bastante en reaccionar y clavar ligeramente. No era un trucha, era una boga, pero da igual. Ese instante en el que clavas por primera vez la mosca. Una magnífica e inolvidable ninfa; ¡¡una captura a pez visto con ninfa!!

Río Lozoya

Tras disfrutar de ese “estreno” del equipo de flyfishing, una vez traspasada la barrera psicológica, decido seguir subiendo el río a buscar el objetivo principal: las truchas. Apenas unos metros arriba detecto otro pequeño grupo de peces. Esta vez me fijo bien, sin nervios. Son bogas. Sabiendo que tengo montada una ninfa imbatible (100% de éxito en su primera presentación) procedo al lance, aunque con menos fortuna esta vez. El porcentaje de aciertos cae drásticamente, pero las bogas muestran cierto interés. En tres o cuatro lances vendría la segunda. Una vez liberado el animal me dispongo a guardar esta joya de la corona, esta ninfa pescadora, para intentar descubrir las capacidades del resto del arsenal de la caja. Apenas termino de montar otra ninfa cuando percibo a mi lado un movimiento sinuoso de proporciones mayores a la de las bogas; apenas a metro y medio de mis pies un barbo de unos 40cm está remontando la corriente. Nervios… pez asustado. Lances desesperados. Adiós barbo.

No me rindo facilmente, así que decido remontar despacito el río, presumiendo que tal vez podamos volver a encontrarnos – el ritmo que llevaba no parecía expresar ninguna prisa por llegar lejos -. Descubro otra poza interesante, con mucha, mucha actividad. Aquí empezaría el espectáculo. Pongo a prueba mis ninfas con las bogas que están comiendo en el fondo: dos, tres, cuatro, cinco… buena cuenta para apuntar también las moscas ganadoras. Me debato entre seguir remontando el río, buscando las ansiadas truchas, o dar rienda suelta a la diversión y a la experimientación de mis moscas. Más vale pajaro en mano, sobretodo para un novato como yo, así que decido quedarme allí clavado.

La elección, sin duda correcta, me regalaría otra experiencia magnífica. Con el sol ya luciendo en lo alto del cielo, un grupo de bogas decide comenzar a cebarse en superficie con lo que la corriente arrastra, apenas unos metros arriba. ¿Que tal funcionarán mis moscas secas? Decido probar con una “atractora” (desde que leí sobre ellas he sentido una gran curiosidad). Un par de lances falsos y allí va… la mosca deriva decentemente y apenas al pasar sobre el grupo: ¡bam! Que os voy a decir que no sepáis los que lleváis años en esto. ¡Precioso instante! Seis, siete, ocho, nueve, diez… Vuelta a experimentar con otras secas: once, doce, trece, catorce… y algunas más que ya se me olvidan contabilizar… que importa ya esas miserias de los que pescamos pocos y nos sobran dedos para contar las capturas… Hacía mucho, mucho, que no disfrutaba como lo hice esa mañana. Y no tanto por el número de capturas. Podrían haber sido la mitad, para mi lo importante fue poder disfrutar en apenas unas horas de la pesca a mosca tanto a ninfa como a seca. Poder alcanzar un segundo nivel en esta modalidad. Olvidarme por un momento del lance, como si llevara años haciéndolo, simplemente atento a la deriva, al instante de clavar, al estudio del interés o el rechazo de los peces, del dragado…

Si, podemos confirmarlo: definitivamente me puedo considerar un adepto más de la pesca a mosca, para siempre.

Boga del Lozoya

Resultado

De nuestro lado: +15 bogas

Por parte del río Lozoya: Ninfa perdigón oreja de liebre (un adorno innecesario en uno de los árboles de la orilla)

Conclusiones

Lo bueno: Superar por mucho las espectativas: “estrenarse” con la mosca, tanto a ninfa como a seca, y en abundancia.

Lo malo: Sin noticias de las truchas (aunque reconozco mi traición a este objetivo principal)

Una imagen: Río Lozoya

Río Lozoya by eRdAvE
Río Lozoya, a photo by eRdAvE on Flickr.

Una de las mejores ventajas del vadeador es poder alcanzar rincones maravillosos como éste. Aquí picó la primera boga del día. Imposible lance alguno. Ninfeando al hilo, apenas con un metro de bajo y tirando de puntera. ¡Doble alegría!