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Vídeo: Los Pirineos

Para los que hemos estado allí, no es necesario entrar en demasiados detalles sobre la belleza de los Pirineos; probablemente uno de los paisajes más hermosos de nuestra geografía. Para los que aún no tengáis la suerte de conocerlos, sin duda alguna el nuevo vídeo de O2Natos os ayudará a motivaros para tomar la iniciativa… tanto si es con la caña a cuestas como sin ella.

Tengo ganas de volver… ¡pero con mi caja de moscas esta vez!

Summertime!

Ya nos encontramos en la mismísima puerta del verano, y para los que residimos en el (muy) interior de la península ibérica esto es sinónimo de poder volver a disfrutar de alguna jornada de pesca en la costa.

Y antes de ponerme a revisar los aparejos para estas vacaciones, que aún están lejos por mucha ansia que uno tenga de disfrutarlas, he optado por desempolvar cierto material audiovisual, reciclar alguna que otra fotografía ya usada en el blog, y hacer un collage con estos recortes hechos a base de los buenos momentos vividos los pasados veranos en el norte, sur y este del país. Como pegamento: Sigur Ros… buen maridaje para asomarse al océano.

100% #capturaysuelta

El bueno, el feo y el malo

El bueno

Salmo trutta – http://es.wikipedia.org/wiki/Salmo_trutta
Salmo trutta

El feo

Micropterus – http://es.wikipedia.org/wiki/Micropterus
Black Bass

El malo

Esox Lucius – http://es.wikipedia.org/wiki/Esox_lucius
Esox Lucius

En ese salvaje oeste en el que parece que andamos sumergidos, donde no se pone de acuerdo nadie en una política medioambiental de futuro, que tenga en cuenta las particularidades locales – y las realidades también -, y además pueda ser compatible con nuestra pasión-afición-actividad, me viene a la cabeza el famoso Western protagonizado por Clint Eastwood.

Si ya ha sido tristemente evidente el batacazo que a la trucha en Castilla y León se le va a propinar – con fines meramente recaudatorios -, que podriamos esperar de sus compañeros de reparto. El feo y el malo lo son ya antes de que empiece la película… Y si dificil ha sido reunir esas escasas firmas en apoyo de la trucha (pocas firmas si tenemos en cuenta el número de licencias existentes), ¿que esperamos que ocurra con el black-bass y el lucio? Máxime cuando entre los ya pocos que luchan por la captura y suelta de las primeras no tienen muy claro (o todo lo contrario) que lucio y bass puedan llegar a estar realmente “controlados” como para no suponer la amenaza que oficilamente son.

En la España de los dos bandos, de nuevo pocos parecen apuntar hacia el gris… Afortunadamente, los que lo hacen, ponen el dedo en la llaga – la adminstración – y nos recuerdan con sentido común, que legislar con un “cafe para todos” no es positivo ni para el medio ambiente ni para la economía ni para nuestra afición. Que la realidad debe pasar por realizar un mapeo de distribución de estas especies (puff… esto cuesta dinero, mal, mal), y que no podemos dictar una condena y ejecución automática sobre lucio y black-bass en aguas en las que sabemos – de sobra – que ninguna trucha va a prosperar (ni está, ni se le espera…). ¿Alguien espera encontrar una trucha fario en Almaraz?

Que “el feo” y “el malo” son especies invasoras introducidas que han provocado un daño a la fauna autóctona nadie lo puede negar. Pero el lucio fue introducido ya hace 60 años, por la propia administración. Y ahora piden que sea MI mano la que ejecute el exterminio de esta especie. No, no… no seré yo… hagalo Ud., señora administración, porque yo practico la captura y suelta, de todas las especies. Resuelvan su papeleta… ¿o resulta que gobiernos y asociaciones ecologistas piensan que estas especies van a suicidarse tras conocer que se les ha puesto en la famosa lista negra? Ah… que cuentan con nosotros para eso… Pues no, maten ustedes, manchense las manos… pero estudien antes por favor, si de verdad vamos a conseguir recuperar esas aguas para las otras especies ahora en peligro… o si lo único que van a lograr es dejar desiertos los ríos, embalses y lagunas donde algunos, ahora, disfrutamos de la pesca del lucio y el black-bass.

Una última pregunta: ¿Cómo es posible que la trucha en el norte y centro de Europa disfrute de unas poblaciones sanas? Lo pregunto porque el Lucio no es especie alóctona allí… es autóctono de toda Europa prácticamente, y lleva siglos al parecer compartiendo aguas con la salmo trutta. No entiendo nada…

“Por la adecuada gestión del Black-Bass y Lucio en Castilla y León”Recogida de Firmas

Una imagen: Ría de Pontevedra

Sin pena ni gloria ha entrado oficialmente el otoño. Mejor dicho, el verano – al igual que Rexona – no nos abandona, al menos en cuanto a temperatura se refiere.

Lo que sin duda queda atrás es mi temporada de pesca en costa, tristemente reducida a las – pocas – jornadas vacacionales dedicadas al “veraneo”. Así despedí yo la mía, con unas mágnificas vistas que solo los pescadores de orilla podemos disfrutar. En menos de 15 minutos aquel puntal empezaba a parecerse peligrosamente a la M-30. Apenas había llegado y ya era momento de plegar definitivamente la caña, y disfrutar de esta bellísima cala de la localidad de Areas, junto a Sanxenxo, en buena compañía.

Ría de Pontevedra (Sanxenxo)

Cuaderno de Pesca: Las obladas de Mazarrón

Puerto de Mazarron (Murcia)

Cuaderno de Pesca: Grand Slam del ‘rockfishing’ mediterráneo

Fecha: Agosto de 2013
Lugar: Puerto de Mazarrón, Murcia (España)
Objetivo: Espáridos, Serránidos y otras criaturas de los roquedos del mar Mediterráneo
Equipo: Spinning

Oblada mediterránea

Crónica

Serrano

Apenas tenía vagos recuerdos de infancia, así que pescar en el Mediterráneo era de por sí un gran aliciente. Una novedad en la práctica. Pese a lo cual, uno iba con los pies bien pegados a la tierra, es decir, era muy consciente que una zona altamente poblada de veraneantes, entre los que me incluía, no era a priori un escenario – ni una época – para albergar grandes expectativas.

El plan permitía estrecho margen de maniobra: zonas muy próximas y accesibles de Puerto de Mazarrón, para dedicar apenas las dos o tres primeras horas de la mañana, para volver justo a la hora del desayuno “estándar”. Así pues, fueron tres las salidas de pesca que pude disfrutar en esa semana de vacaciones. De la primera de ellas, en la escollera del puerto pesquero, prefiero ni hablar… o mejor dicho, da para otro artículo que ahora no es relevante. Sería en Playa Grande donde disfrutaría (no hay mejor palabra) de una estupenda mañana de pesca.

El escenario creo que era el más adecuado – dentro de las restricciones de mi radio de acción – por dos motivos fundamentales:

  • Primero, porque durante la época estival hay muy pocas zonas donde la pesca deportiva está legalmente permitida en el litoral de Mazarrón. Es muy importante consultar la normativa vigente en cada momento en la página web del Ayuntamiento de Mazarrón, donde se especifican zonas habilitadas y prohibidas según que fechas y horarios. Y por qué lo considero un privilegio: porque casi cualquier otra opción te coloca en la más absoluta ilegalidad y, aun así, allí que pude estar en pleno mes de Agosto en paz y tranquilidad.
  • Y segundo, porque el lugar proporcionaba una postura de pesca extraordinaria: zona acantilada y razonablemente segura que permitía situarse escasamente a un metro de altura sobre el mar, y con mucha actividad teniendo en cuenta estación del año. Me encantó por su belleza natural – nada que ver con el rollo espigón – con el horizonte al frente y la playa a un lado.

Oblada mediterráneaPero precisamente estos motivos lo convierten en un lugar disputado, su gran contrapartida… en mi tercera escapada no pude disfrutar de él… porque apenas da cobijo a un solo pescador… dos máximo, y solo en caso de que haya mucha confianza, ya sabéis. Y siempre hay alguien dispuesto a madrugar más que tú. Solución: un barco, fácil fórmula para dejar de ser un limitado “de orilla” :D

Me suele acompañar mi equipo de spinning habitual en río, junto con el arsenal de señuelos de todos los tipos, tamaños y colores… casi ninguno específico para agua salada; casi ninguno me funciona. Hasta la fecha, mis mejores resultados han sido con un montaje Carolina, con vinilo imitación de lombriz “watermelon”… poco más. Así que esta vez decidí seguir con esta técnica, pero cambiando el señuelo artificial por el cebo natural: chipirón en este caso. Nada más que un mix de lo más práctico, y de lo menos ortodoxo que uno se puede echar a la cara, pues ni es spinning ni es una clásica pesca a fondo.

Incluso convirtiéndome ya en un sin vergüenza podría decir que hablamos de una pesca “finesse”: tiritas de chipirón de tamaño discreto – para cubrir anzuelo y un poco más, junto con una velocidad de recogida lenta e intermitente. ¡Mortal! (no literalmente, ya sabéis, todo volvió a las aguas inmediatamente después de la foto correspondiente).

Picadas incontables, pues fueron continuas hasta terminar las existencias de los cefalópodos usados como cebo. Obviamente reponiendo a una velocidad de vértigo debido al empleo de anzuelos sin muerte (obligado si vamos a practicar captura y suelta, por favor). Al no existir el arponcillo, la escurridiza carne del chipirón sale disparada del anzuelo cuando el pez emboca solo por un extremo del cebo.

Oblada mediterránea

Pero como no todos los peces atacan al chipirón como si de la dama y el vagabundo ante un espagueti se tratase, no tardarían en aparecer las capturas. La oblada confirmó su hegemonía en la zona, consiguiendo sacar cuatro hermosos ejemplares, en tamaños iguales o superiores a la “cuarta” (de mi mano), medida universal que tendréis que aceptar mientras no disponga ni de cinta métrica ni báscula alguna.

El serrano, o vaca serrana, también haría su digna aparición. Un pez hermoso que fascina y sorprende a quién lo captura por primera vez. Este no era el primero que pescaba, pero ciertamente no han sido muchos en mi vida. Una alegría por lo tanto, ¡y pieza clave de mi “grand slam”! Disculpadme la broma sobre lo del grand slam del rockfishing mediterráneo… es que uno ya aprende, gracias a las lecturas de medios especializados, a como conseguir vender un artículo como un PRO. Pero en ningún caso trato de engañaros. No tengo ni idea de si existe un grand slam del rockfishing, ni que tres especies supuestamente concederían el título… pero para mis expectativas individuales, y no sin cierto cachondeo, ahí estuvo.Oblada mediterránea

Si hay una especie de nuestro litoral a la que le guardo especial cariño, es sin duda al sargo. Es la imagen en mi memoria de mi infancia pescadora, la primera que viene al recuerdo y la imaginación al evocar o anticipar momentos de pesca en agua salada. Espáridos sobre cesta de esparto, un bodegón del que ahora huyo, pero no renuncio. Fue la captura de mayor entidad de la jornada, y la más peleada. La experiencia de capturar un sargo con el equipo de spinning (7 pies y 4-28gr de acción) nada tiene que ver con hacerlo, como solía en mis años mozos, con cañas de 4 o 5 metros y 100-200 gramos de acción.

Ha habido un antes y un después desde que adopté la “captura y suelta” tras años de cargar con bolsas llenas para casa. Un punto de inflexión en el que se me puso a prueba. Es fácil para alguien como yo, que nunca comí trucha, devolver una fario al río sin la menor duda. Pero este sargo ha sido la clave de la superación personal, frente a mi mismo y a los que me rodean. Su carne es sabrosa, sí, pero el sabor de boca que deja la satisfacción de verlo volver a las aguas dura mucho, mucho más.

De porte poderoso, todo un símbolo de nuestro ecosistema, presente en el Mediterráneo, el Atlántico y el Cantábrico. El “rock star” indiscutible del rockfishing nacional. Ahí lo tenéis en la foto, cerrando este “Grand Slam” particular en aguas murcianas. No me digáis que de verdad no habéis probado nunca a liberarlo. Es todo un espectáculo cuanto más grande es.

Sargo

Resultado

De nuestro lado: 4 Obladas, 1 Sargo y 1 Serrano – ¡¡Grand Slam!!

De lado del Mediterráneo: Un nuevo admirador, con muchas ganas de poder repetir.

Conclusiones

Lo bueno: Conocer de cerca a la bonita Oblada, y anotar este modesto “Grand Slam” en apenas un par de horas en un escenario precioso; de los  más bonitos de cuantos he podido pescar hasta el momento en las costas españolas.

Lo malo: ¿Faltó la reina? ¿La lubina? No, claro que no… Lo peor: el lamentable comportamiento de algún que otro miembro del club “Captura y Fríe” de inmaduros. Mis ojos siguen sin dar crédito a que alguien meta en la saca un pez de tamaño inferior a la palma de la mano.

Cuaderno de Pesca: Boga’s Party en el río Lozoya

Caña y Moscas

Cuaderno de Pesca: Bogas, Ninfas y Secas

Fecha: Junio de 2013
Lugar: Río Lozoya, Madrid (España)
Objetivo: Trucha autóctona
Equipo: Flyfishing – Pesca a mosca

Crónica

La temporada avanza rápidamente y siento como se escapan las oportunidades. Una opción aparece de repente para el fin de semana: ¡rápido! ¿A dónde ir? Dejo a parte mi lucha personal con el anacronismo de la Comunidad de Madrid a la hora de solicitar permisos para los cotos (en ventanilla y con horario solo apto para jubilados, parados o aquellos que son jefes de sí mismos) , así que tengo que decidirme rápidamente por uno de los consorciados, donde poder obtener un permiso (previa información) directamente con el guarda o en la oficina (si, el bar) de la sociedad de pescadores que lo gestione. Me apatecía mucho ir a Santa María de la Alameda, pero el teléfono de contacto parece no estar operativo. Descarto la idea de explorar nuevos territorios, así que decido volver al tramo libre sin muerte del río Lozoya, entre Rascafría y Oteruelo del Valle. Había estado una vez antes, tremendo día de frío y agua, imposible pescar; pero había ganas de río, pues la salida anterior unas semanas antes había sido en Miraflores (embalse). ¡Adjudicado! Y encima sin pagar permiso.

Madrugón interesante – el lado malo de estas jornadas regadas con horas de luz – para aprovechar “la fresca”… 4º centígrados, siete grados menos que la mínima prevista en el tiempo.es (¿en qué estabamos pensando Maldonado?). Menos mal que la máxima si se acercó a la previsión, así que pasado el susto inicial, podemos decir que la climatología fue perfecta.

Río Lozoya

Mientras montamos aparejos y nos “armamos” con el vadeador, botas, etc… no dejo de pensar en lo duro que va a ser para un novato como yo en esto de la pesca a mosca un escenario tan “ratonero” como el de este tramo. La vegetación practicamente apantalla el río por ambas orillas. El vadeador es imprescindible si no queremos vernos relegados a lanzar desde apenas un par de lugares. Presumo pasar más horas desenganchando moscas de los árboles que de las bocas de las fario.

Los primeros instantes reconozco estar más interesado en moverme por el río que en lanzar (es lo que tiene los que llevamos dos telediarios con el vadeador… nos encanta recrearnos con esa sensación de libertad… comparando además con las limitaciones de la visita anterior a la zona, en la que no llevaba ni de lejos el equipo adecuado). Es así como llego a un precioso rincón, justo en una bifurcación del río; una pequeña poza, de aspecto mágico a esta hora de la máñana, cubierta por varios troncos de un arboles semicaídos. “Ahí abajo seguro que hay alguna buena escondida” – me digo mientras fijo mi vista en el fondo de las aguas cristalinas. Y ahí estaban, ¿dos pequeñas truchas? Imposible lanzar ahí, pero no pensaba irme sin intentarlo aunque fuera de alguna manera poco ortodoxa. Recojo toda la línea en el carrete, dejando apenas un metro del bajo colgando de la punta de la caña… vamos a ver que tal si dejamos caer esta ninfa por el hueco que forman estas ramas del árbol…

Fué la primera vez que lo veía en vivo y en directo: la ninfa derivó por la corriente mientras caía hacia el fondo. Las aguas cristalinas te permitían ver que estaba pasando en cada instante. Y allí fue como a la primera, sin dudarlo, aquel pez no dudó en lanzarse sobre el insecto que arrastraba la corriente practicamente hasta su boca… incluso tardé bastante en reaccionar y clavar ligeramente. No era un trucha, era una boga, pero da igual. Ese instante en el que clavas por primera vez la mosca. Una magnífica e inolvidable ninfa; ¡¡una captura a pez visto con ninfa!!

Río Lozoya

Tras disfrutar de ese “estreno” del equipo de flyfishing, una vez traspasada la barrera psicológica, decido seguir subiendo el río a buscar el objetivo principal: las truchas. Apenas unos metros arriba detecto otro pequeño grupo de peces. Esta vez me fijo bien, sin nervios. Son bogas. Sabiendo que tengo montada una ninfa imbatible (100% de éxito en su primera presentación) procedo al lance, aunque con menos fortuna esta vez. El porcentaje de aciertos cae drásticamente, pero las bogas muestran cierto interés. En tres o cuatro lances vendría la segunda. Una vez liberado el animal me dispongo a guardar esta joya de la corona, esta ninfa pescadora, para intentar descubrir las capacidades del resto del arsenal de la caja. Apenas termino de montar otra ninfa cuando percibo a mi lado un movimiento sinuoso de proporciones mayores a la de las bogas; apenas a metro y medio de mis pies un barbo de unos 40cm está remontando la corriente. Nervios… pez asustado. Lances desesperados. Adiós barbo.

No me rindo facilmente, así que decido remontar despacito el río, presumiendo que tal vez podamos volver a encontrarnos – el ritmo que llevaba no parecía expresar ninguna prisa por llegar lejos -. Descubro otra poza interesante, con mucha, mucha actividad. Aquí empezaría el espectáculo. Pongo a prueba mis ninfas con las bogas que están comiendo en el fondo: dos, tres, cuatro, cinco… buena cuenta para apuntar también las moscas ganadoras. Me debato entre seguir remontando el río, buscando las ansiadas truchas, o dar rienda suelta a la diversión y a la experimientación de mis moscas. Más vale pajaro en mano, sobretodo para un novato como yo, así que decido quedarme allí clavado.

La elección, sin duda correcta, me regalaría otra experiencia magnífica. Con el sol ya luciendo en lo alto del cielo, un grupo de bogas decide comenzar a cebarse en superficie con lo que la corriente arrastra, apenas unos metros arriba. ¿Que tal funcionarán mis moscas secas? Decido probar con una “atractora” (desde que leí sobre ellas he sentido una gran curiosidad). Un par de lances falsos y allí va… la mosca deriva decentemente y apenas al pasar sobre el grupo: ¡bam! Que os voy a decir que no sepáis los que lleváis años en esto. ¡Precioso instante! Seis, siete, ocho, nueve, diez… Vuelta a experimentar con otras secas: once, doce, trece, catorce… y algunas más que ya se me olvidan contabilizar… que importa ya esas miserias de los que pescamos pocos y nos sobran dedos para contar las capturas… Hacía mucho, mucho, que no disfrutaba como lo hice esa mañana. Y no tanto por el número de capturas. Podrían haber sido la mitad, para mi lo importante fue poder disfrutar en apenas unas horas de la pesca a mosca tanto a ninfa como a seca. Poder alcanzar un segundo nivel en esta modalidad. Olvidarme por un momento del lance, como si llevara años haciéndolo, simplemente atento a la deriva, al instante de clavar, al estudio del interés o el rechazo de los peces, del dragado…

Si, podemos confirmarlo: definitivamente me puedo considerar un adepto más de la pesca a mosca, para siempre.

Boga del Lozoya

Resultado

De nuestro lado: +15 bogas

Por parte del río Lozoya: Ninfa perdigón oreja de liebre (un adorno innecesario en uno de los árboles de la orilla)

Conclusiones

Lo bueno: Superar por mucho las espectativas: “estrenarse” con la mosca, tanto a ninfa como a seca, y en abundancia.

Lo malo: Sin noticias de las truchas (aunque reconozco mi traición a este objetivo principal)

Una imagen: Coto de Miraflores

La mañana del domingo pude por fin hacer mi primera visita a este coto de la sierra madrileña. El tiempo no iba a acompañar – Maldonado no suele fallar en su web -, pero ya había planificado la jornada con un amigo hacía un par de semanas, y esa rigidez del calendario es lo único que nos permite poder ir juntos de pesca.

Frío y agua. Pero durante las primeras horas de la mañana el sol lució un poco. Lo justo para poder apreciar la belleza del paisaje que lo rodea.

Coto de Miraflores (Madrid)
Coto de Miraflores (Madrid)Coto de Miraflores (Madrid)

De falacias y furtivos

No deja de chirriar en mi cabeza la noticia publicada a principios de Marzo en “La Nueva España“, sobre ciertas propuestas presentadas por la Asociación de Pescadores Cares-Deva a los ayuntamientos ribereños del Cares. El titular (de libro, en este caso) llegó a mis ojos a través de un tweet de @pezcalo_es (¿hay alguien que no les siga a estas alturas?), y no pude evitar comentar el asunto como un resorte, comparando el disparate a los tristemente populares asuntos de las minifaldas.

Para el que no sepa muy bien a que me refiero, ahí dejo un par de enlaces sobre el asunto:

El Tribunal Supremo confirma la sentencia de Lérida “del caso de la minifalda”

País africano prohibió las minifaldas porque “facilitan la violación”

La similitud entre ambos razonamientos lógicos es más que evidente. ¿Cómo se puede justificar cometer un delito en base a una “tentación”? Que se le conceda al delincuente cierto matiz de víctima me parece, como poco, desafortunado para el caso de los furtivos; para los violadores, directamente una “hijoputez” de renombre. Pese a la comparación a la que se prestan aquí, salvadas están las distancias.

No me queda claro si la pretensión era transmitir la idea de que la existencia de tramos de pesca sin muerte atrae a los furtivos (es decir, se manifiesta un claro rechazo al furtivismo y ruega medidas alternativas), o si de alguna manera se está confensando la propensión a cometer un pecado carnal al que uno no puede resistirse… victima del asalto de los instintos “pesqueros” que todo humano posee, al igual que los cormonares. Tanto mal por un lado que por el otro, ya que:

a) El furtivismo es un delito, que además no puede ser ajeno a la ética o la moral cuando la situación de nuestros ríos es la que es. Y punto.
b) Al furtivo se le debe dar de lado, marginarlo, transmitirle nuestro absoluto rechazo y, desde luego, no ceder a su chantaje. ¿Acabar con los tramos sin muerte porque aumenta el número de delincuentes voluntarios al no tener donde “desfogarse”?
c) Se nos presupone seres racionales, y adultos, capaces de un nivel de autocontrol sobre los impulsos y deseos por encima de un niño de 7 años. Aunque está claro que eso de la demora de la gratificación y el control de la frustración son bienes escasos en ocasiones.
d) Por esa regla de tres, el norte y centro de Europa, donde la captura y suelta está muy implantada, debe estar plagado de furtivos (ummm… dejame pensar… no lo tengo tan claro)

Pero es que el asunto es todavía más falaz, y más cojido con pinzas, que el tema de las minifaldas, en cuanto que:

1) Ni estamos hablando de un instinto básico (y no justifico ni mucho menos lo otro, simplemente poco distancia, mucha tierra de por medio cuando se alude a la tentación… a la “incitación” para ser exactos)
2) No se está argumentando la prohibición de la pesca, ¡¡sino de la pesca sin muerte!!

Es decir, que al parecer lo que preocupa es realmente el condumio, llenar la despensa de peces para alimentar el buche. Vamos, que la pesca en sí es un mero trámite por el que hay que pasar antes de poder exhibir en casa, ante la familia, amigos y vecinos, un manojo bien hermoso de peces. Que ya sabemos que los pescadores somos muy mentirosos, y sin el “habeas corpus” no hay pesca que valga. ¿O acaso se vende el pescado a buen precio a la hostelería local? Me equivoco, ¿verdad? Esto es pesca recreativa/deportiva… no profesional, claro.

Y no quiero decir con esto que esté en contra de comerse los peces que pescamos (yo soy el primero que lo he hecho durante muchos años), sino que tal vez, en ocasiones, y ante los problemas reales de nuestra fauna, debemos anteponer el sentido común y el respeto hacia un patrimonio que no nos pertenece en exclusiva, qué es de todos los españoles – generaciones presentes y futuras. Y sobretodo porque me niego a pensar que el pescador aficionado, deportista o recreativo, no sea capaz de disfrutar si se ve obligado a devolver al medio las capturas que realiza en las mejores condiciones posibles.

Si el objetivo es pescar más días, ampliar la temporada, y poder disfrutar de más jornadas de pesca, ¿por qué nos empeñamos en ir en dirección contraria y pedir ampliaciones de cupo? Otros modelos son posibles, y debemos encontrar cuales se ajustan mejor. No digo que la captura y suelta sea la fórmula milagrosa, porque hay muchos otros factores de impacto. Tan solo que no hugamos hacia adelante, y que bajo ningún concepto justifiquemos el furtivismo. Si seguimos así, acabaremos por no tener que preocuparnos por el cupo… Todos tendremos como única opción el ir a la pescadería a comprar tantos salmones y truchas como nos de la gana, sin necesidad de pescar ni dejarse el sueldo en cañas, carretes, señuelos, moscas, vadeadores…

El río devastado: el Cabrera (León, España)

El río Cabrera es afluente del río Sil y da nombre a la comarca leonesa de la Cabrera. Atraviesa el Valle de Losada y en el Tumbo Viejo aparece con los nombres de Vivei, Vivey, Bidey, Ibei, Ibey e Ybe. Nombres que pueden hacer referencia a la palabra “ibex”, con la que los romanos denominaban a las cabras que allí abundaban. Aunque otros estudiosos lo asocian a la palabra” ibei” que en alguna lengua en la que existen discrepancias a la hora de concretar, puede denominar a las corrientes de agua o ríos.

Su recorrido

Tiene aproximadamente 63 kilometros desde su nacimiento hasta su desembocadura en el Sil en Puente de Domingo Florez. Nace al lado de Peña Trevinca a 1.835 metros de altura, en la zona conocida por el nombre de “Morteira Cavada”,o Portilla de Morena Cabada. Su nacimiento está a tito de piedra de otro importante río, el Tera. Cada uno de ellos nace en una vertiente de este Portillo. Alimenta su curso con varias fuentes hasta llegar al Lago de la Baña (1360metros de altura), pasa por las localidades de La Baña, Losadilla, Encinedo, Quintanilla, Robledo, Nogar, Marrubio y Puente de Domingo Flórez.

Sus principales afluentes son los ríos Cabo, que fue un vivero de truchas pequeñas y era una locura pescarlo hace años, Santa Eulalia, Silván, Valdecorrales y Benuza.

Algo de historia

En la época romana, las aguas de sus principales afluentes del lado izquierdo eran captadas para hacer llegar agua a las minas de las Médulas. Todavía quedan restos del acueducto que llevaba el agua hasta las que eran las más importantes minas de oro de la Roma Antigua, de las que se llegaron a sacar 10.000 kilos de oro al año por el método del ruina montium. Es  decir, arrasando la montaña. Y ese método antiguo es lo que está matando el río en la actualidad.

Sus problemas

La riqueza actual es la pizarra, y sus minas están acabando con el río.

La Baña (II)

Si bien, el río discurre por una zona que da a pensar que el hombre tuvo poco influencia, eso no es cierto, la vegetación segundaria indica una fuerte antropomorfización de la zona (deforestaciones) y las canteras de pizarra, ocupando siempre más espacio, amenazan con tapar el río con sus escombros.

Merece la pena echar un vistazo a este estupendo blog de Pescarmona (http://pescarmona.blogspot.com.es/2012/08/requiem-por-el-rio-cabrera.html) que denuncia el problema. Además podéis ver en las fotos que acompañan a este artículo la enorme y brutal dimensión del problema.

La Baña (I)

Desde hace años la extracción de roca de pizarra con fines decorativos y de construcción es la actividad económica que más dinero mueve en la zona. Los empresarios llevan años despreciando al río que usan como vertedero de los escombros que generan. Y no hay forma de acabar con ello.

El río Cabrera no era el río favorito de los nativos de la zona, que sostienen que la trucha buena y fina es la del Río Eria y desprecian la del Cabrera como basta e insípida. Y más ahora con las pizarreras. Bueno, eso no impide que le zurren a modo al rio en toda época del año. Quiero decir, que el segundo problema del río son los cormoranes de dos patas, de los que hay muchísimos en la zona. Tanto locales como de la costa.

El río Cabrera era un río de trucha muy grande, y la sigue habiendo ya que es un rio complicado de pescar y muy rompe-piernas; y aunque ha sufrido mucho y no tiene ni cotos, ni tramos sin muerte extensos, sigue guardando alguna buena pieza.