Etiquetado: pesca

2017 Flyfishing Season

Río Aravalle – Inicio de temporada 2017

Fecha: Marzo de 2017
Lugar: Río Aravalle, Ávila (Castilla y León)
Objetivo: Salmo Trutta

Mucha ilusión y pocos peces, es el resumen de la primera jornada truchera de la temporada 2017. En realidad lo de “pocos peces” no es más que un eufemismo. El bolo fue total.

Cumplo así con lo que ya viene siendo para mi una tradición: estrenar la temporada con resultados desastrosos. Ya solo se puede ir a mejor.

Pasar un par de días en Gredos con la familia y amigos podría parecer un plan premeditado para forzar el arranque de la temporada, pero nada más lejos de la realidad. Una casa rural en la localidad de Umbrías, con el río Aravalle a tiro de piedra, hicieron posible en realidad poder acudir a la cita de la apertura en el río. Serían apenas unas horas durante una de las mañanas, pero después de estos meses de espera, eso es más que suficiente para combatir “el ansia”.

Río Aravalle

Chorreras del Aravalle I (coto SM), a la altura de Retuerta (Umbrías)

El coto, Aravalle I (SM), era desconocido para mí, y la poca información que en Internet hay sobre él, en realidad no invitan demasiado a decidirse por pagar un sobrante. Aún así, apuesto por él, para aprovechar al máximo la proximidad del alojamiento a la vez que saciar esa necesidad de investigar nuevos destinos (aún muchos por delante).

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Compañeros

A punto de terminar el año, quiero aprovechar esta ocasión para devolver la mirada a los compañeros que han estado conmigo a pie de río durante el 2016. Jose, Antonio, Miguel Ángel, Igor. Tanto da si fueron muchos como pocos los lances compartidos, gracias. Aquí estáis, desde mi punto de vista.

Flyfishing Orbigo

Antonio (al fondo, peleando una captura) y Miguel Ángel [Río Órbigo]

 

Jose e Igor

Jose e Igor [Río Nela]

Espero que en el 2017 podamos volver a compartir más y mejor, y ojalá pueda materializarse en foto la imagen de algunos de vosotros con los que aún no he compartido jornada, pero si buena conversación, tanto en persona como a través de Internet.

Os deseo lo mejor en el 2017.

Cuaderno de Pesca: La última del 2015 (Río Tajuña)

Sin título

Fecha: 26 de Septiembre de 2015
Lugar: Guadalajara (España)
Objetivo: Salmo trutta
Equipo: Flyfishing

Crónica

Las vacaciones de verano, disfrutando en familia de la playa, y el comienzo de curso me habían apartado de los ríos durante algo más de un mes. Por fortuna para mí, el calendario de vedas – y la ausencia de desembalses – todavía iba a permitirme una última escapada a tierras alcarreñas, para cerrar así la temporada 2015 en un río, el Tajuña, que ha sido con diferencia el escenario donde mayor fortuna he encontrado este año.

Sin título

Ciertamente, las buenas experiencias de cada jornada en este escenario son las culpables de haber decidido sacrificar el explorar o investigar nuevos tramos durante el 2015 en Castilla La Mancha, para volver una y otra vez. Comprenderéis mi decisión si os digo que, en mi primera aproximación, conseguía una doble victoria moral: remontar un mal comienzo de temporada, y conseguir la que sería hasta esa fecha mi trucha autóctona récord capturada.

El plan para cerrar la temporada en este escenario era claro: ir directo a aquellas zonas que habían resultado ser más productivas en el pasado, y ganar así tiempo para remontar el río por encima de lo habitual, intentando darme un pequeño margen explorador.

Las secuencia del plan: 1-poza, 2-chorreras, 3-poza, 4-corrientes, 5-tabla, 6-explorar…

Y el resultado del mismo:

1) La primera poza es una de las zonas más bellas de el tramo, pero de lance muy complicado por los troncos caídos que la atraviesan y por la cobertura de ramas. Sin actividad aparente, no puedo localizar a ninguna pintona. Pesca al agua con resultado evidente de pérdida de moscas.

2) Dejando atrás la poza se sube por un pequeño conjunto de chorreras que en apenas 40 metros proporcionan buenas posturas para buscar a esas pequeñas agazapadas junto a las corrientes. Cuatro de ellas no pueden resistirse a un magnífico perdigón de Pablo Robles.

3) En la segunda poza albergo esperanzas, como mínimo, de poder ver algún que otro ejemplar de mayor porte. Actividad nula. Decepción total, pues sentía que justo allí tendría que ocurrir un buen cierre de temporada.

Sin título4) Remonto río arriba hacia un tramo de corrientes que conducen a una larga tabla, todavía extrañado por la ausencia de truchas en la poza anterior. Pronto olvido el episodio, entretenido como estoy llevando a la sacadera cuatro capturas más. Todas a ninfa. ¡Un buen empuje para la moral! (y una sonrisa en la cara). Me tomo mi tiempo, disfruto de cada rincón del río.

5) Llego al comienzo de una larga tabla. Se que solo puedo vadear el comienzo de la misma, pues es profunda para mi estatura. Tener el agua a la altura del pecho mientras las piernas se hunden en lodo hasta casi las rodillas no es una sensación que me guste, ni mucho menos que relaje. Me detengo al principio de la tabla. Ninguna cebada hasta ahora en el río. Me siento y observo durante más de cinco minutos esos 25 metros de río. Hasta que la calma se rompe bruscamente. Una trucha se ceba violentamente algo por encima de la mitad del tramo, justo a un par de metros por delante de un árbol caído que cruza el río de orilla a orilla. Diez segundos más tarde otra lo hace por detrás del tronco. Por fin. Ahora o nunca.

Quito la ninfa y ato una preciosa efémera del 14, cuerpo amarillo, alas en V de CdC. Situado a unos diez metros, y tras tres lances a la zona caliente, nada. No se vuelve a cebar; ni ésta ni la que estaba cinco metros más arriba. Cuarto lance, algo más largo que los anteriores. El viento, los árboles, los pájaros, yo… todos contenemos la respiración. La superficie se rompe engullendo totalmente a la imitación. El pulso a se dispara mientras la cabeza no deja de templar las maneras con ordenes racionales; posición de la caña, uso del carrete, prepara la sacadera… Esta no va a superar ningún récord personal, lo se mientras mantengo la pelea, pero tengo que llevarla a la red, y conocer de cerca a la que será la última del 2015, a la que decide regalarme ese momento que solo “la seca” puede ofrecer.

La trucha, de unos treinta centímetros, es hermosa como todas las anteriores. Pero ésta, sin duda, ocupa ya un lugar especial en el rincón de la memoria de ésta temporada, y de las pasadas, y de las futuras.

6) Explorar. Lo dejo para el 2016. Decido dedicar los últimos minutos a recoger pausadamente, caminando por el río, despidiéndome del Tajuña con la grata sensación de estar rematando una temporada llena de buenos momentos.

Sin título

Resultado

De nuestro lado: 9 truchas alcarreñas. A ninfa y a seca.

De lado del Tajuña: Una abundante y merecida ofrenda de moscas a los espíritus del río, como tributo por el buen año concedido.

Conclusiones

Lo bueno: Una inmejorable forma de acabar la temporada, tanto por la captura final – broche de oro de jornada y año – como por las ganas y la ilusión de continuar investigando los ríos de Guadalajara y Cuenca.

Lo malo: Eché de menos ver más ejemplares en algunos de los lugares que tenía marcados como “calientes”. No puedo evitar cierta preocupación, aunque imposible de juzgar si justificable o no con la observación de una jornada puntual.

Cuaderno de Pesca: “Ceñajos” (Río Cabriel)

Río Cabriel

Cuaderno de Pesca: Los Ceñajos del Cabriel – Cuenca

Fecha: Junio de 2015
Lugar: Cuenca (España)
Objetivo: Salmo trutta
Equipo: Flyfishing

Crónica

Y aquí estamos, Antonio, su hermano Miguel Ángel y yo, camino del Cabriel. Después de todo este tiempo, y tras poner en común el calendario de la temporada 2015, por fin pude compartir jornada con PescataMinuta.  Dos horas largas de viaje en coche por delante, poca cosa teniendo en cuenta todas las conversaciones pendientes. La parada técnica nos depara un señor desayuno; poderosa tostada con tomate.

Llegamos, preparamos equipo y nos dirigimos al límite inferior del tramo, con idea de arrancar desde el puente, para alcanzar el coche a la hora de comer, y continuar por la tarde río arriba. El “kick-off” oficial lo gestiona Antonio orquestando la foto de grupo. Me hace especial ilusión – cuando es compartida, esta afición suma muchos puntos.

Nos organizamos: Antonio y Miguel Angel me cuentan un poco su “modus operandi” habitual, y me dan libertad de movimiento. Como “cascarón de huevo” prefiero ceder a los veteranos el paso, me quedo atrás, y comienzo a pescar la zona desde el puente hasta los primeros saltos de agua. Ante mí un tramo de gran belleza, y tengo firme intención de disfrutarlo centímetro a centímetro.

En la primera poza de esta zona localizo una trucha. No se está cebando, así que pruebo con ninfa (varias), sin suerte alguna… ni se inmuta. Me ha visto, seguro, aunque no huya. El agua es tremendamente cristalina, y está claro que voy a tener que mejorar mucho mi escasa destreza a la hora de poner en practica el sigilo.

Miguel Ángel y Antonio se adelantan, y comienzan a seca desde el principio. Veo a Antonio hacer sus lances justo por encima de los saltos, mientras voy avanzando poco a poco, teniendo que salir del río para poder librar la primera “pequeña” poza (esta vez prefería resistirme a hacerme unos largos desde ya tan temprana ocasión). Insisto a ninfa, y sería justo en las corrientes bajo los saltos de agua donde saco la primera trucha de la mañana.

Animado, peino todos los rincones de la zona de corrientes primero, y de las pocillas superiores después, pero sin ser capaz de repetir hazaña. Un enganche de mi ninfa en una rama traerá como sorpresa descubrir que otros tres perdigones también adornaban la misma (punto caliente sin duda de ofrendas a los árboles). Convencido de haber exprimido al máximo estas posturas decido avanzar, pensando que Antonio y Miguel Ángel estarían ya bien lejos. Por suerte nuestros metabolismos de pescador son similares, y sincronizamos bien las distancias y tiempos.

Trucha del Cabriel

Llegado a una tabla no muy profunda comienzo a ver las primeras cebadas. Truchas de porte pequeño-mediano, pero abundantes, que me motivan a cambiar a seca. Me sorprendo espantándolas con unos lances muy torpes, poco delicados. Me obligo a “respirar”… no solo voy a tener que hacer sobre-esfuerzo con respecto al sigilo, sino también prestar más atención al lance, memorizando los movimientos de brazo y muñeca que ofrecen las mejores posadas. Aun así, todas las moscas rechazadas.

Miguel Ángel viene hasta mi altura para avisarme de que podría ser buena hora para comer. El sol empieza a apretar bien, y la idea de descansar un poco a la sombra y retomar fuerzas es inmejorable. Aprovechamos, obviamente, para intercambiar opiniones. El resultado es similar para los tres, y la presencia abrumadora del “chochín” es tema de conversación. Parece que las truchas no están predispuestas a comer otra cosa. Acostumbrado a mis jornadas en solitario, la tertulia del bocata se disfruta especialmente; gran momento en buena compañía.

Las temperaturas son ya elevadas, toca protegerse del sol, y los tres volvemos al río en el mismo orden, pero esta vez todos a seca. Decido peinar más rápido el río. Veo pocas cebadas, y algunas pozas me obligan a salir del río justo cuando empiezo a aproximarme a algunas zonas interesantes (el vadeo de este tramo a veces es complicado para los que escasamente superamos el 1,70). Localizo bastantes truchas desde la orilla, pero todas fuera del alcance. Imposible lanzar desde el río, menos aún desde la enmarañada orilla (¡no eligen esas posturas por casualidad!). Decido adelantar a Miguel Ángel y Antonio, para explorar el tramo (ellos lo conocen, pero para mí es todo un mundo nuevo).

Encuentro un buen acceso a una tabla de profundidad media, y localizo una trucha cebándose a unos 14 metros río arriba. Se ceba muy despacio, mostrando aleta dorsal y gran parte del lomo cada vez. Carece del nervio y de la electricidad de las pequeñas… todo indica que tiene un tamaño “interesante”. Monto una efémera en tono amarillo, muy “veraniega” como la calificaría Miguel Ángel más tarde. Me lo tomo con calma, y voy haciendo suaves lances calculando la distancia sin prisa. No quiero posar la línea sobre el pez. Cuando por fin coloco la mosca donde esperaba, nada. Un par de intentos más, posando a izquierda y derecha, por si la trucha ha cambiado a otra vena de corriente. No la veo, ya no se ceba.

Pensando que la he podido asustar, dejo de lanzar, y me quedo observando. ¡Vuelve a cebarse! Sigue ahí, y yo vuelvo a la carga. Antonio llega hasta donde estoy, mientras continúo en la brecha. El reflejo del sol en el agua hace difícil seguir la mosca a esa distancia. Logro localizarla, veo que deriva perfectamente, a la misma velocidad que esa otra ¿”mosca”? ¿Cuál es la mía? No consigo saber cual de los dos objetos flotantes es mi efémera, lo cual indica que al menos no está dragando. Una de las dos moscas desaparece súbitamente. ¿Dónde está? Clavo. Clavo porque es lo que hay que hacer ante la duda, no muy convencido hasta que compruebo que la caña se carga, y mucho. Llamo a gritos de emoción a Antonio, que había salido por mi izquierda apenas unos segundos atrás. No parece muy grande, pero tira con fuerza para esconderse bajo la orilla. Antonio llega, me anima, se pone a grabar. Consigo finalmente llevarla a la sacadera. Ronda los 40 centímetros, pero lo que más llama la atención es su prominente barriga… Está bien alimentada. Pesa. Una joya. Un par de fotos y vuelta al río. Y a mi no se me quita la sonrisa de la cara. Difícilmente olvidaré la captura de esta hermosa trucha.

Ceñajos

Terminaríamos la jornada en la parte superior del tramo, los tres juntos, Miguel Ángel y yo a un lado, viendo como Antonio intentaba colocar la mosca a una trucha “king size” localizada aguas arriba, pero demasiado lejos, imposible vadear para una mejor aproximación… ¡siempre saben donde ponerse!

Resultado

De nuestro lado: 2 truchas por barba + 3 perdigones (Gracias, compañero pescador anónimo. Espero que los dioses de los árboles no me castiguen por robarles tu ofrenda)

De lado del Cabriel: Un nuevo admirador con muchas ganas de volver.

Conclusiones

Lo bueno: Una jornada de pesca en magnífica compañía. Se hizo esperar la ocasión; ¡por mi parte se repetirá en cuanto se presente una nueva oportunidad! Y como gran valor añadido, que uno de los compañeros esté detrás de un gran blog, donde poder ver otro punto de vista de esta misma experiencia.

Lo malo: Una vez reposada la jornada, y desde la distancia que otorga el tiempo, el total de capturas fue algo bajo para las expectativas, aunque precisamente por la dureza del “terreno” bien supieron a gloria.

Cuaderno de Pesca: “Breaking Good”

Río Tera - Breaking Good

Cuaderno de Pesca: Río Tera (EDS) – Zamora

Fecha: Mayo de 2015
Lugar: Camarzana de Tera, Zamora (España)
Objetivo: Salmo trutta
Equipo: Flyfishing

Crónica

En el EDS del Tera capturé mi primera trucha, gracias a una cucharilla Mepps dorada. No, no era un chaval imberbe con camiseta de Naranjito. Esto fue hace no mucho, peinando ya canas, apenas estrenando mi equipo de spinning (hace dos telediarios). Confieso sentir especial predilección por este maravilloso río, pero no por esa nostalgia o romanticismo de la primera vez. Ni tampoco por su – a mi parecer – gran belleza, aunque sin duda alguna ayuda, y mucho. Sino por como me ha castigado durante mucho tiempo, o tal vez sea más cierto decir, por todo lo que me ha exigido y yo no he sido capaz de dar.

Después de esa primera trucha vino otra, el mismo día, al anochecer. La recuerdo perfectamente; muy luchadora. Consiguió soltarse antes de llegar a la orilla. Y esa fue mi última captura en el EDS durante estos años. Desde entonces, este tramo localizado junto a Camarzana de Tera ha sido mi reino particular de los grandes bolos. Tanto todas las veces que volví a spinning, como todas aquellas otras, más recientes, en las que regresé a mosca. Llegaba a tener peces a mis pies, pero no al otro lado de la línea.

La desesperación crecía, aliviada solo al pensar que tal vez el problema era ajeno – conocido autoengaño, pero efectivo -. Hay pocas truchas, demasiada presión… Aún así, lejos de rendirme, insistía una y otra vez. Apenas unos días antes de esta última jornada en el Tera, un buen artículo – como es habitual – de Cul de Canard sobre el futuro de este tramo, junto con su sabio consejo de apostar por ninfas, me obliga a la reflexión. Aquella que te sugiere definir una estrategia, abordar el río de forma distinta, a no cometer los mismos errores, a no dar nada por sentado y huir de vicios. A no seguir la linde habitual.

Olvidar todo para aprender de nuevo. Tomar conciencia de que elegir entre ninfa o seca es en realidad una decisión independiente de nuestro antojo egoísta, que está por encima de nuestra vanidad, y que disfrutar de la jornada pasa inevitablemente por aceptar dicha realidad y actuar en consecuencia. En nuestra mano si está adaptarse a ella y disfrutar, o plegar el equipo y buscar otra postura, otro lugar, otro momento. Algo que no es trivial para los seres de una civilización que llevamos siglos haciendo justo lo contrario, adaptando el entorno a nuestras necesidades. La frustración vive entre esas dos tierras, y si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña.

Y las truchas llegaron, a ninfa primero, y a seca después. Pequeñas todas, como la palma de mi mano la más grande, y sin embargo la satisfacción fue enorme. Tan pequeñas eran que, las que entraron seca, salían volando al clavar. Tan alta había sido la montaña a escalar en este escenario, que nunca antes peces tan pequeños me habían regalado tanto. Río a carcajadas, creyendo estar solo, pero tengo compañía. Un pescador veterano me observa desde la orilla, reflejando una extensa sonrisa:

– ¡Algunas vuelan! – le comento aún riendo.

– ¡¡Esas pequeñas tienen alas!! – me contesta a la vez que se despide con la mano y continua su marcha.

Es medio día y debo regresar. Al salir del agua otro pescador, sentado en la orilla está terminando su bocadillo. Un compañero mosquero de Valladolid que, apasionado por el Tera, me cuenta su experiencia. También ha disfrutado con estas pequeñas pero maravillosas truchas.

De camino al coche me cruzo con otro pescador. Parece frustrado, y me pregunta si yo he tenido suerte con alguna de “tamaño”, mientras se asoma nervioso al río. “Grande no he visto ninguna”, respondo, sin poder dejar de sonreír. Ni falta que me hace hoy. Mañana será otro cantar.

Resultado

De nuestro lado: 6 bravísimas truchas.

De lado del Tera: Nada, esta vez no pidió nada a cambio.

Conclusiones

Lo bueno: Romper la maldición. Alcanzar el punto de inflexión que inevitablemente no solo cambia mi percepción de este tramo, sino de la pesca a mosca en general.

Lo malo: Dicen que más vale tarde que nunca, pero aún así me quedo con la sensación de poder haber llegado a este resultado mucho antes. En cualquier caso, desde la distancia, y con más experiencia, todo parece más fácil.

 

Flyfishing and Skateboarding

Si la combinación del Jazz y la pesca a mosca ya me había parecido curiosa – en cuanto a dos artes/aficiones compartidas por el mismo grupo de amigos -, ver a estos tipos haciendo del escenario de pesca su propio parque de skating no le va a la zaga.