Etiquetado: pescador

Una imagen: Lucius «Nautilus»

Video: Black-bass a mosca (Todd Moen)

Video: Pesca a Mosca urbana

Una imagen: Salmon Run (Jennifer Kolmer)

Una imagen: After the Rain

Mi mejor Bolo

De entre las múltiples acepciones y usos recogidos por la RAE para la palabra «bolo», nos atañen las siguientes:

bolo1, la.
quedarse bolo.

1. loc. verb. U. para referirse al cazador que no cobra pieza ninguna.

volver bolo.

1. loc. verb. quedarse bolo.

Una expresión tan común y coloquial que queda efectivamente recogida y reconocida por la Real Academia Española. Se habla pues con propiedad cuando utilizamos el término tras una jornada en la que, a lo sumo, habremos tenido alguna picada, no más. La definición de la RAE es concisa, como debe ser. Sin embargo hay bolos y bolos… no todos son iguales, ni nos dejan con la misma sensación.

Hace unos meses leía una viñeta en la que dos pescadores veían a un tercero como iba de regreso a casa comentando las alegrías que la naturaleza le otorgaba; el canto de los pájaros, el olor de la hierba fresca, el maravilloso paisaje… «Otro que vuelve bolo«, le decía uno de los primeros a su compañero. Como la vida misma, quién no se consuela es porque no quiere. Aunque sin duda el autor de la viñeta pone el dedo en la yaga, no es menos cierto que el componente «naturaleza», el entorno, es un factor que contribuye de forma vital a las sensaciones vividas durante la jornada de pesca. Y lo hace siempre para bien: si tenemos éxito, refuerza y potencia la experiencia, la hace redonda. Si volvemos bolo nos hace la derrota más llevadera. No en vano, a los que nos gusta la naturaleza y somos aficionados a explorar rutas, o al senderismo, «perdernos» en la tranquilidad y belleza del entorno es de por sí un bálsamo necesario, sobretodo para los que la mayor parte del año estamos anclados al asfalto.

Laguna de las Madres (Arganda del Rey, Madrid)

Paz y tranquilidad en la Laguna de las Madres

Que sí, que un bolo es un bolo. Pero esta afición en general, y en concreto las posibilidades de travesía que nos ofrece el spinning continental, nos aporta una doble ración de satisfacciones. Personalmente creo que la clave para disfrutar, y minimizar también el poso amargo que deja la «derrota», será saber elegir destinos que independientemente de la pesca nos ofrezcan a los sentidos y al corazón aquello que buscamos de la naturaleza.

Salir de pesca es también una gran oportunidad si te apasiona la fotografía. Dividir el tiempo entre lances e instantáneas es otra manera de diversificar los «riesgos anímicos» de un bolo. ¡Esto al menos nos ayudará a realizar alguna captura – fotográfica – interesante! El paisaje, la flora o la pequeña fauna pueden convertirse en un objetivo secundario que nos proporcione mayor entendimiento y visión del entorno que hemos elegido.

Tal vez debamos aplicar el mismo principio expuesto por John GierachHow small a trout«) para el tamaño de la captura cuando de bolos hablamos. Puede ser interesante un cambio de enfoque, y tratar de medir los bolos en una escala inversa, ver la botella medio llena, intentando establecer una categoría personal encabezada por el mejor bolo que hayamos vivido.

Personalmente recuerdo una mañana en las Lagunas de las Madres, en Arganda del Rey (Madrid). Los elementos estaban en contra a priori: pescar basses por primera vez, en un espacio muy presionado y en pleno invierno. El bolo estaba casi garantizado. Sin embargo estar completamente solo en mitad de la laguna, bajo un sol regalado y en un magnifico silencio todavía hoy me transmite una extraordinaria sensación de paz. Fue una cura milagrosa para el estrés acumulado durante toda la semana de trabajo. No hubo ni una sola picada. A día de hoy, mi mejor bolo.

Motivo número 3 para la «Captura y Suelta»

Sobre la escasez de los ejemplares grandes sólo diré que es nuestra obligación devolver en las mejores condiciones todos los ejemplares al agua para que esta población sea cada vez mayor. Si matamos una trucha de dos kilos, será imposible que alcance los cuatro, así que no se apodere de vosotros ese ansia por mostrar el trofeo conseguido y sí por querer volver a pescar un ejemplar aún más grande.

Alex Ríos, en su artículo Truchas con vinilo aparecido en el número 188 de la revista Feder Pesca (Junio 2012).

Personalmente añadiría que el ansia por mostrar el trofeo podemos (y debemos) calmarlo, en todo caso, con una simple fotografía en el momento de la captura. Unos segundos antes de su suelta. Y en cualquier circunstancia, valorar que siempre es más importante vivirlo que contarlo.

Una imagen: Greyling fishing – Sweden

Henri Cartier-Bresson predicaba la idea de atrapar el instante decisivo, images à la sauvette, que se podría traducir como imágenes a hurtadillas. Y para ello era necesario poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción.

Bravo Tomas, el maestro Cartier-Bresson estaría muy orgulloso de tí.

Vídeo: Lances a Mosca

Reconozco que, últimamente, de entre todos los vídeos que veo en internet, los que llegan desde Nueva Zelanda tienen una «textura» que me encanta; paisaje, color, «plasticidad» y producción (reconociendo la importancia vital de esto último) se unen para conseguir, sencillamente, que flipe frente a la pantalla del ordenador.

Éste que pongo aquí, además, creo que va íntimamente relacionado con el artículo anterior «Flyfishing Swithcer (del spinning a la pesca a mosca)» por un simple motivo, mi concepto de «miedo» frente a los lances… ¿Es necesario este manejo del «látigo»? Intuyo que no deja de haber cierta muestra de exhibicionismo en el maestro del vídeo… pero, ¿hasta que punto?

FlyFishing Switchers (del spinning a la pesca a mosca)

Conversos de la pesca a mosca
No puedo evitar sentirme terriblemente tentado por la pesca a mosca, aún cuando en el terreno del spinning sea lego. Y no es que quiera «saltar» de una modalidad a otra; no esta vez. Es más la sensación de completar o disfrutar de forma plena la pesca. De ser consciente de no estar viviendo extraordinarias sensaciones.

Tal vez sea debido a la estupenda verborrea de los mosqueros, grandes predicadores de todo un movimiento o estilo de vida, casi religión en ocasiones. Pero indudablemente es la plasticidad de este arte el gran culpable de estas emociones. Lo tenemos interiorizado. Un rápido ejercicio nos revela este condicionamiento (¿auto?) inducido: dibujemos una imagen mental de estas tres escenas con tres tipos de pescadores:

1) Un pescador a fondo o corchuela, sentado en un muelle, espigón, en la orilla de un embalse…
2) Un pescador a spinning, siempre de pié en la orilla o bien en barca, con el aire «deportivo» de las revistas, en el sentido más purista de la competición
3) y un pescador a mosca… ¡hasta el paisaje de fondo nos acaba de cambiar!¡Parece otro río!

¡Si, la pesca a mosca mola! Y mucho. O mejor aún el «Flyfishing», porque el anglicismo potencia aún más esta percepción, ojo, no exento también el lance ligero con su respectivo «spinning».

A mi mente viene una analogía similar a nivel tecnológico. Hablo de la informática de consumo, una situación parecida (y ya vivida) que me lleva a realizar la comparación con la gente que pasa del universo Windows, de Microsoft, al universo Mac, de Apple. De hecho, salvando las distancias, observo parecidos razonables entre ambos mundos. Así es como se podría resumir la confrontación entre universos Windows y Mac:

Universo PC: lo de toda la vida, mil y un colores y sabores, marcas, clónicos, unos más bonitos, otros más feos, unos más baratos, otros más caros, problemas de rendimiento y cuelgues… Asociado por los «maqueros» a la rutina y el tedio de las oficinas… ¡los hombres de traje! (aunque los tiempos han cambiado y ahora todos los trajeados tengan un iPhone). La oferta del mercado es totalmente heterogénea.

Universo Mac: estilo y diseño, siempre de gran plasticidad y, ante todo, uniformidad en lo estético. Un estilo de vida, una forma alternativa de «vivir» la informática personal en sintonía con la máquina, y no en lucha con ella. Un icono para representarlo todo.

Recuerdo la serie de spots publicitarios de Apple haciendo hincapié en estos conceptos. Aquí tenéis un recopilatorio de los mismos.

Fue ya haces años que me convertí en un «mac switcher», es decir, un usuario converso que pasa de Windows a Mac. Y es aquí donde reside la principal analogía con el flyfishing. Siempre se habla de «conversión», de llegar a la pesca a mosca para no dejarla nunca más. Abandonando práctica o totalmente otras artes de pesca empleadas anteriormente. Mi experiencia como «maquero» se resume en estas tres partes:

Primero, miedo a dejar el mundo conocido… «¿Tendré la compatibilidad que necesito? ¿Que pasa con mis documentos «Office»? ¿Voy a encontrar programas para todo lo que necesito/hago? ¿Sabré sacarle partido?»

Segundo, el movimiento se demuestra andando, y más aún cuando Apple hizo la gran jugada de instalar CPUs de Intel en sus plataformas, garantizando a los miedicas como yo que podrían ejecutar Windows sobre dicha máquina, de forma nativa, además de virtualmente. Gran parte del miedo al cambio dejaba de estar justificado, así que fui a por todas. Ese era el momento, tenía el presupuesto y las ganas.

Tercero. Una vez «convertido» fluyen pensamientos de tipo: «¿Por qué no lo habría hecho antes? ¡A estas alturas de mi vida y todos los años que he perdido!» Salvo fuerza mayor, no volveré al PC. Y he de decir que jamás instalé Windows de forma nativa… durante los primeros meses usé una máquina virtual, más como flotador psicológico que por necesidad real… A día de hoy, no necesito Windows en casa.

La pesca a mosca me plantea una situación parecida:

Miedo: si, realizar esos maravillosos lances no parece fácil, y nadie dice que lo sea… hace falta mucha práctica, traducido en tiempo, y en posibles frustraciones. Y cuando hay poco tiempo, esto supone un hándicap importante.

Presupuesto: ¡vaya por Dios! Empiezo a mirar material y ya veo que los precios se disparan respecto a otras modalidades (¡como en el universo Mac!!) Es obvio que los pescadores a mosca están dispuestos a gastar mucho más dinero que los pescadores de spinning. Y ya sabemos que el precio de un producto no se establece por lo que cuesta fabricarlo, sino por lo que nosotros los consumidores estamos dispuestos a pagar… marketing, marketing…

Y la cuestión es: ¿Cuando llegará el movimiento? Pues en esto el presupuesto, aunque no es lo que más me preocupa, ya es un freno. Digo que no me preocupa porque tengo asumido el «techo de gasto presupuestario». En cambio, lo que más me asusta es la técnica necesaria, un nuevo aprendizaje, empezar de cero… necesitaré ayuda con esos lances, seguro, asistir a cursos. Necesitaré valentía y un sitio despejado donde practicar. Y tiempo.

Todo esto me sitúa ahora mismo como un potencial «Flyfishing Switcher», pero con un matiz diferenciador importante: no quiero dejar el spinning, me gusta, y desde luego no tengo una visión «Windows» del mismo, aunque sí una percepción «Maquera» de la pesca a mosca. Así pues, llegado el momento, ¿sentiré como me han comentado otros pescadores un camino sin retorno?¿Abandonaré mi equipo de lance ligero?

En honor al «flyfishing» debo decir que su mística no se construye sobre los defectos que pudieran tener otras técnicas como el spinning, el carpfishing, etc. Al contrario que el mundo Mac respecto al Windows, su magia se debe 100% a méritos propios. Y esto también es un buen argumento, muy bueno, para saber que el spinning siempre tendrá su hueco… por muy mosquero que pueda llegar a ser.