Etiquetado: fishing
Video: Leviathan
LEVIATHAN es una producción de Gin-Clear Media en busca de grandes capturas a lo largo del mundo, mostrando batallas épicas de la pesca a mosca.
Cuaderno de Pesca: Boga’s Party en el río Lozoya
Cuaderno de Pesca: Bogas, Ninfas y Secas
Fecha: Junio de 2013
Lugar: Río Lozoya, Madrid (España)
Objetivo: Trucha autóctona
Equipo: Flyfishing – Pesca a mosca
Crónica
La temporada avanza rápidamente y siento como se escapan las oportunidades. Una opción aparece de repente para el fin de semana: ¡rápido! ¿A dónde ir? Dejo a parte mi lucha personal con el anacronismo de la Comunidad de Madrid a la hora de solicitar permisos para los cotos (en ventanilla y con horario solo apto para jubilados, parados o aquellos que son jefes de sí mismos) , así que tengo que decidirme rápidamente por uno de los consorciados, donde poder obtener un permiso (previa información) directamente con el guarda o en la oficina (si, el bar) de la sociedad de pescadores que lo gestione. Me apatecía mucho ir a Santa María de la Alameda, pero el teléfono de contacto parece no estar operativo. Descarto la idea de explorar nuevos territorios, así que decido volver al tramo libre sin muerte del río Lozoya, entre Rascafría y Oteruelo del Valle. Había estado una vez antes, tremendo día de frío y agua, imposible pescar; pero había ganas de río, pues la salida anterior unas semanas antes había sido en Miraflores (embalse). ¡Adjudicado! Y encima sin pagar permiso.
Madrugón interesante – el lado malo de estas jornadas regadas con horas de luz – para aprovechar «la fresca»… 4º centígrados, siete grados menos que la mínima prevista en el tiempo.es (¿en qué estabamos pensando Maldonado?). Menos mal que la máxima si se acercó a la previsión, así que pasado el susto inicial, podemos decir que la climatología fue perfecta.

Mientras montamos aparejos y nos «armamos» con el vadeador, botas, etc… no dejo de pensar en lo duro que va a ser para un novato como yo en esto de la pesca a mosca un escenario tan «ratonero» como el de este tramo. La vegetación practicamente apantalla el río por ambas orillas. El vadeador es imprescindible si no queremos vernos relegados a lanzar desde apenas un par de lugares. Presumo pasar más horas desenganchando moscas de los árboles que de las bocas de las fario.
Los primeros instantes reconozco estar más interesado en moverme por el río que en lanzar (es lo que tiene los que llevamos dos telediarios con el vadeador… nos encanta recrearnos con esa sensación de libertad… comparando además con las limitaciones de la visita anterior a la zona, en la que no llevaba ni de lejos el equipo adecuado). Es así como llego a un precioso rincón, justo en una bifurcación del río; una pequeña poza, de aspecto mágico a esta hora de la máñana, cubierta por varios troncos de un arboles semicaídos. «Ahí abajo seguro que hay alguna buena escondida» – me digo mientras fijo mi vista en el fondo de las aguas cristalinas. Y ahí estaban, ¿dos pequeñas truchas? Imposible lanzar ahí, pero no pensaba irme sin intentarlo aunque fuera de alguna manera poco ortodoxa. Recojo toda la línea en el carrete, dejando apenas un metro del bajo colgando de la punta de la caña… vamos a ver que tal si dejamos caer esta ninfa por el hueco que forman estas ramas del árbol…
Fué la primera vez que lo veía en vivo y en directo: la ninfa derivó por la corriente mientras caía hacia el fondo. Las aguas cristalinas te permitían ver que estaba pasando en cada instante. Y allí fue como a la primera, sin dudarlo, aquel pez no dudó en lanzarse sobre el insecto que arrastraba la corriente practicamente hasta su boca… incluso tardé bastante en reaccionar y clavar ligeramente. No era un trucha, era una boga, pero da igual. Ese instante en el que clavas por primera vez la mosca. Una magnífica e inolvidable ninfa; ¡¡una captura a pez visto con ninfa!!

Tras disfrutar de ese «estreno» del equipo de flyfishing, una vez traspasada la barrera psicológica, decido seguir subiendo el río a buscar el objetivo principal: las truchas. Apenas unos metros arriba detecto otro pequeño grupo de peces. Esta vez me fijo bien, sin nervios. Son bogas. Sabiendo que tengo montada una ninfa imbatible (100% de éxito en su primera presentación) procedo al lance, aunque con menos fortuna esta vez. El porcentaje de aciertos cae drásticamente, pero las bogas muestran cierto interés. En tres o cuatro lances vendría la segunda. Una vez liberado el animal me dispongo a guardar esta joya de la corona, esta ninfa pescadora, para intentar descubrir las capacidades del resto del arsenal de la caja. Apenas termino de montar otra ninfa cuando percibo a mi lado un movimiento sinuoso de proporciones mayores a la de las bogas; apenas a metro y medio de mis pies un barbo de unos 40cm está remontando la corriente. Nervios… pez asustado. Lances desesperados. Adiós barbo.
No me rindo facilmente, así que decido remontar despacito el río, presumiendo que tal vez podamos volver a encontrarnos – el ritmo que llevaba no parecía expresar ninguna prisa por llegar lejos -. Descubro otra poza interesante, con mucha, mucha actividad. Aquí empezaría el espectáculo. Pongo a prueba mis ninfas con las bogas que están comiendo en el fondo: dos, tres, cuatro, cinco… buena cuenta para apuntar también las moscas ganadoras. Me debato entre seguir remontando el río, buscando las ansiadas truchas, o dar rienda suelta a la diversión y a la experimientación de mis moscas. Más vale pajaro en mano, sobretodo para un novato como yo, así que decido quedarme allí clavado.
La elección, sin duda correcta, me regalaría otra experiencia magnífica. Con el sol ya luciendo en lo alto del cielo, un grupo de bogas decide comenzar a cebarse en superficie con lo que la corriente arrastra, apenas unos metros arriba. ¿Que tal funcionarán mis moscas secas? Decido probar con una «atractora» (desde que leí sobre ellas he sentido una gran curiosidad). Un par de lances falsos y allí va… la mosca deriva decentemente y apenas al pasar sobre el grupo: ¡bam! Que os voy a decir que no sepáis los que lleváis años en esto. ¡Precioso instante! Seis, siete, ocho, nueve, diez… Vuelta a experimentar con otras secas: once, doce, trece, catorce… y algunas más que ya se me olvidan contabilizar… que importa ya esas miserias de los que pescamos pocos y nos sobran dedos para contar las capturas… Hacía mucho, mucho, que no disfrutaba como lo hice esa mañana. Y no tanto por el número de capturas. Podrían haber sido la mitad, para mi lo importante fue poder disfrutar en apenas unas horas de la pesca a mosca tanto a ninfa como a seca. Poder alcanzar un segundo nivel en esta modalidad. Olvidarme por un momento del lance, como si llevara años haciéndolo, simplemente atento a la deriva, al instante de clavar, al estudio del interés o el rechazo de los peces, del dragado…
Si, podemos confirmarlo: definitivamente me puedo considerar un adepto más de la pesca a mosca, para siempre.

Resultado
De nuestro lado: +15 bogas
Por parte del río Lozoya: Ninfa perdigón oreja de liebre (un adorno innecesario en uno de los árboles de la orilla)
Conclusiones
Lo bueno: Superar por mucho las espectativas: «estrenarse» con la mosca, tanto a ninfa como a seca, y en abundancia.
Lo malo: Sin noticias de las truchas (aunque reconozco mi traición a este objetivo principal)
Video: Salmonfly invasion
A la rica mosca… buena ración de capturas norteamericanas.
Salmonfly Invasion from Henrys Fork Anglers on Vimeo.
Una imagen: Trucha a mosca
Captura y desengancha

Black-bass vs Rapala
Que en este mundo siempre ha habido clases, y siempre las habrán, no es nada nuevo. Pero que eso ocurra incluso para el captura y suelta, es cuanto menos sorprendente. O tal vez no.
Empiezo a pensar de verdad que hay especies, alóctonas como no, que parecen merecer un «catch and release» de segunda, menos entusiasta en las formas; despreocupada. Si bien la trucha es el ojito derecho de esta «disciplina» – estilo de vida o pseudo-religión, incluso puede que moda de lo políticamente correcto – que se presta a conducir con sumo cuidado y respeto todo el proceso de la captura, manipulación y suelta, hay otros como el black-bass y el lucio que parecen no estar a la altura.
Y que eso sea por tratarse de especies no autóctonas sobre las que recaen las maldiciones de muchos – incluida la administración que obliga incluso al sacrificio del condenado animal – no parece ser parte de la razón por la que esto ocurre, pues en esas manos lo de «captura y suelta» se queda sin apellido. Es entre los amantes de la pesca del black-bass y del lucio, y sobretodo por aquellos que además tienen tribuna en los medios gráficos nacionales – no hace falta dar nombres, la lista de revistas es poco extensa y harto conocida -, donde veo esta falta de ortodoxia, o relajación, del «catch and release».
Motivo que me contaría aún más, que ninguno de los editores o autores haya iniciado ya una campaña hacia una conciencia real o completa, y no quedarse a medias transmitiendo un mensaje incompleto que pueda interpretarse como de mero trámite de lo correcto, o ciertamente despreocupado. Si queremos practicar de verdad una captura y suelta, ¿por qué no empezamos ya de una vez a dar un paso más y eliminamos la muerte de todos los triples o poteras de nuestros señuelos? ¿Por qué no arriesgarnos a una lucha más deportiva con el animal? Pero sobretodo para evitar algo que todos sabemos que no es indiferente ni en el proceso de la manipulación ni en los efectos sobre el pez con motivo del desgarro que les produce el arponcillo.

La lubina lo tiene aun más complicado. Todos la adoran, si, pero al horno.
Si lo tenemos claro para la trucha, y así se refleja también en los medios, ¿por qué estoy harto de ver artículos llenos de fotos de capturas de basses y lucios con señuelos cargados de poteras con muerte? Eso sí, en los que el autor – el mismo de las fotos – nos recuerda que debemos practicar un buen captura y suelta. Ni siquiera pretendo ser un radical, y decir que deberíamos usar solo señuelos de un solo anzuelo. Tan solo un pequeño paso que es necesario y evidente para soltar a los peces con facilidad, minimizando el daño que les inflingimos y reduciendo así la probabilidad de muerte a causa de las heridas. Sobretodo de aquellos que desde su gran experiencia nos dan ejemplo en los medios. Pasemos definitivamente al captura y suelta, y no nos quedemos en un simple captura y desengancha.
Una imagen: Into the Tusheti
De falacias y furtivos
No deja de chirriar en mi cabeza la noticia publicada a principios de Marzo en «La Nueva España«, sobre ciertas propuestas presentadas por la Asociación de Pescadores Cares-Deva a los ayuntamientos ribereños del Cares. El titular (de libro, en este caso) llegó a mis ojos a través de un tweet de @pezcalo_es (¿hay alguien que no les siga a estas alturas?), y no pude evitar comentar el asunto como un resorte, comparando el disparate a los tristemente populares asuntos de las minifaldas.
Y las minifaldas a violar? :O “@pezcalo_es: «Los cotos sin muerte incitan al furtivismo»,según los ribereños dl Cares.bit.ly/Z5vV1T
— elreypescador.com (@el_rey_pescador) 5 de marzo de 2013
Para el que no sepa muy bien a que me refiero, ahí dejo un par de enlaces sobre el asunto:
El Tribunal Supremo confirma la sentencia de Lérida «del caso de la minifalda»
País africano prohibió las minifaldas porque «facilitan la violación»
La similitud entre ambos razonamientos lógicos es más que evidente. ¿Cómo se puede justificar cometer un delito en base a una «tentación»? Que se le conceda al delincuente cierto matiz de víctima me parece, como poco, desafortunado para el caso de los furtivos; para los violadores, directamente una «hijoputez» de renombre. Pese a la comparación a la que se prestan aquí, salvadas están las distancias.
No me queda claro si la pretensión era transmitir la idea de que la existencia de tramos de pesca sin muerte atrae a los furtivos (es decir, se manifiesta un claro rechazo al furtivismo y ruega medidas alternativas), o si de alguna manera se está confensando la propensión a cometer un pecado carnal al que uno no puede resistirse… victima del asalto de los instintos «pesqueros» que todo humano posee, al igual que los cormonares. Tanto mal por un lado que por el otro, ya que:
a) El furtivismo es un delito, que además no puede ser ajeno a la ética o la moral cuando la situación de nuestros ríos es la que es. Y punto.
b) Al furtivo se le debe dar de lado, marginarlo, transmitirle nuestro absoluto rechazo y, desde luego, no ceder a su chantaje. ¿Acabar con los tramos sin muerte porque aumenta el número de delincuentes voluntarios al no tener donde «desfogarse»?
c) Se nos presupone seres racionales, y adultos, capaces de un nivel de autocontrol sobre los impulsos y deseos por encima de un niño de 7 años. Aunque está claro que eso de la demora de la gratificación y el control de la frustración son bienes escasos en ocasiones.
d) Por esa regla de tres, el norte y centro de Europa, donde la captura y suelta está muy implantada, debe estar plagado de furtivos (ummm… dejame pensar… no lo tengo tan claro)
Pero es que el asunto es todavía más falaz, y más cojido con pinzas, que el tema de las minifaldas, en cuanto que:
1) Ni estamos hablando de un instinto básico (y no justifico ni mucho menos lo otro, simplemente poco distancia, mucha tierra de por medio cuando se alude a la tentación… a la «incitación» para ser exactos)
2) No se está argumentando la prohibición de la pesca, ¡¡sino de la pesca sin muerte!!
Es decir, que al parecer lo que preocupa es realmente el condumio, llenar la despensa de peces para alimentar el buche. Vamos, que la pesca en sí es un mero trámite por el que hay que pasar antes de poder exhibir en casa, ante la familia, amigos y vecinos, un manojo bien hermoso de peces. Que ya sabemos que los pescadores somos muy mentirosos, y sin el «habeas corpus» no hay pesca que valga. ¿O acaso se vende el pescado a buen precio a la hostelería local? Me equivoco, ¿verdad? Esto es pesca recreativa/deportiva… no profesional, claro.
Y no quiero decir con esto que esté en contra de comerse los peces que pescamos (yo soy el primero que lo he hecho durante muchos años), sino que tal vez, en ocasiones, y ante los problemas reales de nuestra fauna, debemos anteponer el sentido común y el respeto hacia un patrimonio que no nos pertenece en exclusiva, qué es de todos los españoles – generaciones presentes y futuras. Y sobretodo porque me niego a pensar que el pescador aficionado, deportista o recreativo, no sea capaz de disfrutar si se ve obligado a devolver al medio las capturas que realiza en las mejores condiciones posibles.
Si el objetivo es pescar más días, ampliar la temporada, y poder disfrutar de más jornadas de pesca, ¿por qué nos empeñamos en ir en dirección contraria y pedir ampliaciones de cupo? Otros modelos son posibles, y debemos encontrar cuales se ajustan mejor. No digo que la captura y suelta sea la fórmula milagrosa, porque hay muchos otros factores de impacto. Tan solo que no hugamos hacia adelante, y que bajo ningún concepto justifiquemos el furtivismo. Si seguimos así, acabaremos por no tener que preocuparnos por el cupo… Todos tendremos como única opción el ir a la pescadería a comprar tantos salmones y truchas como nos de la gana, sin necesidad de pescar ni dejarse el sueldo en cañas, carretes, señuelos, moscas, vadeadores…
Una imagen: Open Season
Efectivamente… comienza la temporada :)
Qué la Naturaleza nos regale momentos inolvidables, y que la correspondamos estando a la altura del respeto y la responsabilidad que merece.
Una imagen: Cold blue
Hay gestos que lo dicen todo.
Es evidente que la captura y suelta es una demostración de respeto y responsabilidad a partes iguales. Hay algo Zen en esta fotografía. Un movimiento hacia el equilibrio.
Video: Carpfishing, una modalidad en pleno auge
Buen reportaje de Rhodani para darnos a conocer está modalidad de pesca, de la que no hay duda que tiene muchos adeptos.
Personalmente ya había oído hablar del extraordinario trato que los pescadores de carpfishing dan a sus capturas. En el video queda patente. Me sigue fascinado el despliegue de medios de acampada, todo en tonos «camperos» :-), con el que pasar más de un día (y más de dos) junto a la orilla.





